Crítica: Por amor al arte (2017), de Marcelo Goyeneche

Por amor al arte (Argentina – 2017)
FIDBA 2018: Competencia argentina

Dirección, Guion y Producción: Marcelo Goyeneche / Dirección de Fotografía: Osvaldo Ponce / Montaje: Iair Michell Attias / Sonido: Horacio Almada / Música Original: Matías Mango, Fernando Kabusacki / Producción ejecutiva: Ana Cutuli / Duración: 84 minutos.

¿Qué es arte? ¿Quién determina qué es o no es una obra de arte?

La historia nos define que la mirada validatoria sobre una obra para determinarla como “arte” o no, no está ubicada en las palabras de su creador sino en la de otros agentes que la sociedad constituye para que deban validarla como tal: el director de un museo, un crítico, un otro, pero jamás el autor.

Bernardo Arias es un viejo cineasta desde aquellos tiempos de los estudios Lumiton, con tan solo tres largometrajes en su haber pero también con la tarea intensiva de haber sido asistente de grandes realizadores del cine clásico argentino.

Arias es descubierto por el realizador de este documental, Marcelo Goyeneche, mientras el viejo director planea realizar su cuarto y último filme ya con 90 años. La complicidad y las afinidades generan un acuerdo creativo entre ambos directores: Goyeneche filmará la película en la que Bernardo será el protagonista, su rol en el filme será el del realizador cuya meta es la de grabar al artista plástico argentino Antonio Pujía, un maestro ya octogenario. O sea el viejo juego ya está planteado, la película dentro de la película.

Así comienzan las visitas al taller de Pujía que les abre sus puertas y despliega sus pensamientos sobre el sentido del arte y la función de los artistas. El pintor representa para Bernardo el modelo de creador prestigioso, humilde y talentoso y por ello elegido como el centro de su filme.

“El cine es ese constructor de refugios y misterios que lo ponía a prueba una vez más”, reflexiona Goyeneche al presenciar el inicio del rodaje de la película dentro de la película, donde Bernardo filma a Pujía, y Marcelo filma a Bernardo filmándolo.

Breves narraciones sobre la historia de la pintura se yuxtaponen con las charlas entre los cineastas, unidos por los fragmentos del filme en rodaje donde vemos a Pujía y sus obras, narrándonos su historia como artista y disertando sobre la relevancia de este rol en la sociedad.

El propósito principal de la pintura es representar aquello que no está”, las reflexiones que discurren unen al cine y la pintura en sus aspiraciones estéticas, y éticas mucho más de lo que imaginamos.

El trabajo termina plasmándose como un diálogo sobre arte, entre artistas, ni más ni menos que por ese berretín: Por amor al arte.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

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