Crítica: Mujer y marido (2017), de Simone Godano

Mujer y marido / Moglie e Marito (Italia – 2017)

Dirección: Simone Godano / Guión: Carmen Danza, Giulia Steigerwalt / Producción: Roberto Sessa, Paolo Lucarini, Matteo Rovere / Dirección de Fotografía: Michele D´Attanasio / Diseño de Producción: Tonino Zera / Edición: Davide Vizzini / Intérpretes: Pierfrancesco Favino, Kasia Smutniak, Valerio Aprea, Sebastian Dimulescu, Gaetano Bruno, Francesca Agostini, Paola Calliari, Marta Gastini / Duración: 100 minutos.

REVELAR EL ENCANTO

“El punto es comprender dónde se rompió la unión”, asegura la psicóloga y en pocos minutos se establece la problemática del primer largometraje de Simone Godano. Porque si bien se remarca la necesidad de comprender al otro, ponerse en su lugar y escucharlo, el eje de la disfuncionalidad del matrimonio radica en que ambos desconocen cómo llegaron a esa situación, en qué momento se focalizaron tanto en sí mismos que desatendieron el lazo de pareja o cuándo dejaron de ver lo bueno del compañero. No es casual que los flashes esporádicos que Andrea y Sofi perciben contrapongan noticias alegres de uno y el desinterés del otro.

Con algunas reminiscencias a Hay una chica en mi cuerpo o Un viernes de locos, Mujer y Marido retoma la idea de transferencia pero con un leve giro: no se trata del intercambio de personalidades, sino del pasaje de determinados recuerdos y el bloqueo de otros haciéndoles creer que se encuentran en el cuerpo del otro. Esto no quita que se vuelva bastante predecible y se utilicen demasiados clichés como los movimientos de manos o las posturas para personificar al sexo contrario, aunque también incluye aspectos como la sorpresa del padre/madre por el poco peso del hijo a la hora de alzarlo o la escena íntima de ambos redescubriéndose en el cuerpo y sensaciones del otro.

Además, la película juega con las dos vías posibles por las que podría ocurrir este suceso: el componente mágico enmarcado en el hijo haciendo un truco con la varita y el científico, gracias al proyecto de investigación de Andrea que permite registrar y decodificar las ondas cerebrales para ver los pensamientos de los pacientes con dificultades en la comunicación verbal. De hecho, esta premisa funciona como metáfora del vínculo marital y esa no-comunicación (luego excesiva por las protestas para terminar la prueba doméstica) es la que lleva a Charlie, la máquina, a explotar.

En una contemporaneidad donde se prioriza lo individual por sobre lo colectivo, Godano intenta volver a la esencia de uno mismo para revitalizar el nexo con el otro y, de esa forma, reencontrarse con aquello que los atrajo por primera vez con ayuda de la ciencia y, por qué no, de un poco de fantasía.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

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