Crítica: Los buscadores (2017), de Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori

Los buscadores (Paraguay – 2017)

Dirección: Juan Carlos Maneglia, Tana Schembori / Guion: Juan Carlos Maneglia, Mario González Martí / Producción: Juan Carlos Maneglia, Tana Schembori, Christian Chena / Producción Ejecutiva: Tana Schembori, René Ruiz Díaz / Fotografía: Richard Careaga / Direccion de producción: Gabriela Sabate / Música Original: Derlis Gonzalez / Dirección de arte: Carlo Spatuzza / Montaje: Alfredo Galeano / Sonido: Germán Acevedo / Intérpretes: Tomás Arredondo, Cecilia Torres, Christian Ferreira, Mario Toñanez, Sandra Sanabria, Leticia Panambi Sosa, Nelly Davalos / Duración: 102 minutos.

EL BARRIO DEL TESORO

Durante una tormenta, las filtraciones del techo empiezan a mojar el libro que su abuelo le había regalado. Enseguida, Manu seca la cubierta de papel madera y se percata de que hay algo debajo. Luego de rasgar el envoltorio, el secreto se visibiliza: es el mapa de un tesoro. ¿Un juego? ¿Una posibilidad? ¿Una suerte de legado familiar? El anciano, luego de un derrame cerebral, no puede comunicarse con el nieto y el protagonista no sabe qué hacer con semejante descubrimiento. Por este motivo, le cuenta todo a Fito y, finalmente, ambos amigos se contactan con un interesado para emprender la aventura.

La dupla Juan Carlos Maneglia-Tana Schémbori trabaja su nueva película desde la articualción de dos aspectos: por un lado, el componente folclórico fuertemente centrado en las leyendas de plata yvyguy (escondida) difundidas tras la Guerra de la Triple Alianza y en la idea de maleficio para quienes tengan fines ruines con el botín. La primera escena plasma ambas cuestiones cuando uno de los hombres toma el cofre y mata al compañero con un golpe de pala mientras que aún estaba dentro del pozo. El final también se inscribe en la misma lógica revalidando el carácter de relato oral.

Por otro, la inclusión de la contemporaneidad desde el barrio de Chacarita asediado por las inundaciones y las constantes mudanzas de los pobladores debido a las crecidas del río y las lluvias, así como también por la exhibición de diferentes sectores sociales representados en los canillitas, los empleados y miembros de la embajada, la escuela y las calles. De esta forma, los directores combinan pasado y presente dotando a Los buscadores de identidad nacional, latinoamericana y elementos cómicos, de aventuras y fantásticos.

A diferencia de 7 cajas, hay mayor cantidad de planos generales y también cenitales, que son utilizados para mostrar el barrio como un gran mapa en sí mismo desdoblado del papel segmentado de Manu. Abundan escenas de velocidad y tensión combinadas con otras más pausadas que juegan con los ritmos del relato. Pero está, igual que en el filme anterior, el dinero como motor de los personajes y de sus entrecruzamientos.

“Esto muestra el lugar exacto donde se enterraron 60 piedras de esmeralda y una cruz de oro”, les comenta Don Elio revisando el mapa. ¿Hasta dónde serán capaces de llegar los tres para encontrar el tesoro? ¿Y quienes buscan el dinero para su propio beneficio? A final de cuentas, la aventura invita a realizar locuras para conocer los propios límites, sobre todo, si se fundan en leyendas del siglo XIX.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

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