Crítica: Las razones del lobo (2020), de Marta Hincapié Uribe – FIDBA 2020

Las razones del lobo (Colombia – 2020)
FIDBA 2020: Competencia Iberoamericana – Premiere Mundial
*Disponible gratuitamente en la Argentina a través de FIDBAPLAY (hasta el 6 de Septiembre)

Dirección y Guion: Marta Hincapié Uribe / Fotografía: Santiago Herrera Gómez / Montaje: Marta Hincapié Uribe, Juan Soto / Producción: Marta Hincapié Uribe, Sandra Tabares-Duque / Duración: 70 minutos.

La femenina voz en off de la narradora nos induce a escuchar un relato apenas comenzado el filme. Esa voz nos cuenta la historia personal y familiar de la propia directora / relatora Marta Hincapié Uribe, que describe pasajes de su vida iniciando la historia desde su niñez para avanzar hacia el presente. Nos narra de forma elíptica como era aquella vida social, cultural y familiar de las clases altas de Medellín en su infancia. Poco a poco sus descripciones nos sumergen en los usos y costumbres de los núcleos de elite de la riqueza y el poder que se instaló desde hace 50 años en Colombia.

Las imágenes que abren el filme en presente muestran aquí y ahora los lugares icónicos en los que se desarrolla gran parte de la historia de vida de nuestra protagonista, un gran CLUB, el club icónico de aquella clase social. El documental se despliega en la pantalla como si fuera un cuento. Mientras la narradora nos cuenta sus vivencias, las imágenes de archivo que la ilustran van desde registros en super 8 y formatos amateurs hasta registro digital de los espacios del club en presente, de esta forma la textura de lo actual y lo antiguo a la vez se unen en un solo tiempo, el del cuento cinematográfico.

Fiestas, obras de teatro infantiles, niños, madres y padres, hombre y mujeres desfilando en los escenarios. Familias montando escenas de diversión y festejo, todo lo que se ve aparenta presentar un mundo de felicidad y opulencia. Pero nuestra narradora nos devela que ese desfile de imágenes era tan solo una mera y falsa apariencia. Su vida familiar y personal distaba de ser acogedora, armónica y colorida, un mundo opuesto a las rojizas y vibrantes escenas de jolgorio que se nos presentan.

Como en un contraste que juega un equilibrio de fuerzas entre la quietud y la perturbación, la directora nos muestras a un piletero limpiando una piscina mientras la voz nos enuncia que en aquellos tiempos emerge el grupo guerrillero M19 y la paz del trabajo del hombre en el parque hace contrapunto, con el temor de esa niña que la narradora recuerda haber sido, asustada por la idea de un peligro, rodeada de los augurios de una revolución que nunca llegó.

El relato evocativo de Marta Hincapié Uribe que antaño fue niña se va tornando siniestro. Las escenas descriptas se tiñen de sangre, de imágenes inexplicables a la mirada de un niño, de terror y de oscuridad. El fantasma que envuelve a esa niña que teme por la integridad de su madre acentúa la subjetividad con la que este filme está narrado, y cómo se despliega la forma de la memoria.

Los sucesos de aquellos tiempos aparecen narrados como fragmentos hilados cual ficción, aún con su condición de carácter autobiográfico. Contados desde el inicio en primera persona, nos sumergen en la interioridad de la historia y de la voz femenina que nos lleva de la mano.

En presente las imágenes de observación que describen a este CLUB icónico de su clase social, nos pasean entre campos de polo, de tenis, caballerizas, piletas de hotel, parques verdes y espacios abiertos donde el relato sociopolítico flota como una nube gris que pesa sobre cada lugar.

La aparición del personaje de la madre hacia el final del filme, nos permite ver en escena a una mujer ya anciana que parece vivir lejos de la historia contada por su hija. En su rostro plagado de arrugas, podemos intuir que la memoria sobre aquel pasado se ha ido, y que el tiempo para esa madre se diluye. Lo que no se ha desvanecido es la memoria de Marta, que en este filme de reconstrucción de sus recuerdos hace de su memoria una historia viva.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

75%
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