Crítica: La verdad (2019), de Hirokazu Koreeda

La verdad / La Vérité (Francia / Japón / Suiza – 2019)
Estreno en cines

Dirección y Montaje: Hirokazu Koreeda / Guion: Hirokazu Koreeda, basado en una historia breve de Ken Liu / Producción: Muriel Merlin / Música original: Alexei Aigui / Fotografía: Eric Gautier / Intérpretes: Catherine Deneuve, Juliette Binoche, Ethan Hawke, Manon Clavel, Roger Van Hool, Ludivine Sagnier / Duración: 106 minutos.

Dirigido por Hirokazu Koreeda, ganador de la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2018 con Somos una familia (Manbiki kazoku), el filme La verdad pone en juego los visos de verdad y ficción que se pliegan y despliegan tanto dentro del ámbito privado, el de la intimidad de la familia de Fabienne Dangeville (Catherine Deneuve), una diva en esplendoroso ocaso, así como en el ámbito público dentro de un set de filmación donde ella interpreta un rol secundario en un filme de ciencia ficción.

LA VERDAD

Lumir (Juliette Binoche) llega a visitar a su madre, Fabienne Dangeville, junto con su marido norteamericano Hank (Ethan Hawk) y su hija. Su llegada coincide con la publicación de las memorias de la diva. Lumir, guionista de cine, encontrará en las memorias de su madre mucha más ficción que realidad, como si las historias que contara Fabienne sobre su vida íntima tuvieran poco que ver con su vida real y mucho más, con una ideal pero falsa, es decir, como si la diva hubiera falseado ciertas verdades con el fin de dar una buena imagen, una versión mejorada de sí misma a sus lectores/espectadores.

Lo que hace Fabienne es falsear ciertas verdades en la reescritura de sus memorias transformándolas en una ficción que no es más que la otra cara de esa verdad oculta que su hija, más tarde que temprano, sacará a relucir. A partir de estas ficciones que contrastan con la verdad residirá el núcleo del conflicto en el que madre e hija colisionarán a veces con gracia y liviandad, mostrándose comprensivas la una con la otra. Y otras, se cruzarán de manera más áspera y dramática lo que desembocará en revelaciones o confesiones que darán lugar a nuevos acercamientos…

Fabienne se muestra en la esfera pública como en la privada tal como es, una mujer acostumbrada a reinar y a concitar atención y ser el centro de gravitación del mundo familiar, es decir que todos sus miembros, que giran en torno a sus inquietudes y necesidades se convierten en sus espectadores, al igual que un periodista que viene a entrevistarla, y que es intimidado por la espléndida presencia de la mujer y que deberá soportar ser vapuleado con elegancia por su falta de profesionalidad y pertenencia. Ya que durante la entrevista deja al descubierto su monumental ignorancia con respecto a los códigos de esa comunidad artística a la que no conoce ni pertenece. De ahí su desconcierto y su incomodidad por ser un sapo de otro pozo. Su torpeza será puesta al descubierto de inmediato cuando la misma Fabienne le indique que esa pregunta que él hace al principio del reportaje en realidad se hace al final. Harto conocido resulta el manejo que hace la prensa con las declaraciones de sus entrevistados. Sacando de contexto, recortando de manera siniestra y manipulando la verdad valiéndose de los dichos no dichos de sus reporteados.

Otro de los satélites que giran en torno a Fabienne es su actual marido, una especie de empleado full time que está a su servicio empeñado en complacerla al cocinar sus platos favoritos a tal punto que da la impresión que cumple mejor su rol como chef que como marido. O su asistente que le ha dedicado toda su vida a su carrera, pero al que ella en retribución olvidó mencionar en sus memorias, y por eso al verse cruelmente dejado de lado amenaza con abandonarla para ir a cuidar a sus seis nietos.  Y ni hablar de su ex, el padre biológico de su hija Lumir, que aparece inesperadamente de visita con una apariencia de homeless dando una muestra de lo que ha quedado de ese hombre, ahora convertido en despojo, luego de haber compartido años al lado de la diva. Tanto así, que, en algún momento mágico y lúdico del filme, la niña, su nieta, creerá, por algo que ha escuchado, que su abuela es una bruja con poderes mágicos que convierte a los hombres en animales. El tortugo Pierre es un ejemplo de ello…

SOMOS UNA FAMILIA

Si en Somos una familia Koreeda muestra los rebusques a los que deben recurrir los pobres en el Japón actual, entre otros, el robo a supermercados y el cobro de pensión de un familiar muerto, lo que mantiene unida a la familia de mecheros, ni siquiera llegan a ladrones, es el vínculo afectivo, la necesidad de pertenecer a ese grupo de contención que se mantiene unido a pesar de o debido a las carencias materiales…

En La verdad, la matriz del filme reproduce la dinámica de la cinta anterior pero reescrita en otra cultura, la francesa, y en otro ámbito, el de la clase alta y snob de los actores cinematográficos. Si bien la familia de Fabienne es una familia casi privilegiada en todos los sentidos, las carencias afectivas saldrán a la luz a través de las revelaciones más o menos verdaderas y más o menos ficticias apuntadas en las memorias. Haciendo hincapié en el vínculo entre madre e hija, que ha sufrido los embates de la distancia, la incomprensión, los malentendidos y la ambigüedad.

Si en Somos una familia las carencias pasaban por lo material más que por lo afectivo, Koreeda con su último filme, levanta la apuesta, invierte la matriz, y nos revela lo que pasa en una familia donde las carencias son más bien afectivas, y que el vínculo que la mantiene unida es material a través del ámbito laboral. No resulta azaroso que Lumir sea guionista de cine, ni que el ex marido se haya convertido en homeless sin el odioso consorte, Fabienne, que aparentemente lo sostenía en más de un sentido. Tampoco es casual que su secretario y marido revoloteen a su alrededor como dos perritos falderos.

Fabienne, con toda su petulancia y soberbia, con su lengua bífida y su displicencia, a veces casi imposible de tolerar, no es más que el alma mater y fuente nutricia de su familia. Es el centro y el núcleo que mantiene unidos, para bien o para mal, a todos sus miembros. Sí, a veces escucharla produce repulsión, pero quizás no sea más que una manera de responder al entorno en el que se mueve. Tal vez su manera de ser y de expresarse tenga que ver con el modo en el que la diva es consumida por los espectadores de la esfera pública, pero sobre todo con la voracidad de los miembros de su propia familia. Esa crueldad y hasta a veces grosería encubierta bajo gruesas capas de encanto quizás no responda a otra cosa que a un gesto defensivo ante la inminencia de una intolerable verdad.

Si en el filme Somos una familia el grupo familiar se mantenía unido por lo afectivo a pesar de sus propias carencias materiales y de la complicidad criminal tejida en torno a la infracción a la ley a través del robo o el cobro ilegal de una pensión; en La verdad el grupo familiar atado a lo material girará en torno a la opulencia que personifica Fabienne, atacada, denostada, enfrentada y desmentida, sin reparar que ella misma encarna ese excedente del que el resto de los miembros de la familia abrevan, el mismo excedente que sus espectadores han venido consumiendo…

Por Gabriela Mársico
@GabrielaMarsico

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