Crítica: Fordlandia Malaise (2019), de Susana de Sousa Dias – Semana de Cine Portugués

Fordlandia Malaise (Portugal – 2019)

Dirección, guion, fotografía y montaje: Susana de Sousa Dias / Sonido: Susana de Sousa Dias, António de Sousa Dias / Producción: Ansgar Schäfer / Duración: 40 minutos.

Uno de los puntos fuertes de la directora portuguesa Susana de Sousa Dias es la manera en que utiliza los archivos fílmicos para trazar relatos de la memoria, combinados con un registro verbal que suele poner distancia para no interferir en el juicio de los espectadores. En este caso su mirada se adentra en el universo de un monstruo gigante incrustado en medio de la selva amazónica, una compañía fundada por Henry Ford en 1928, el sueño de un tipo ambicioso que convirtió una utopía megalómana en un territorio de espectros. Estos son los fantasmas que evoca Sousa Dias con su cámara a través de imágenes del pasado y del presente, mientras escuchamos los susurros de testigos atemporales. El travelling es un asunto moral para la realizadora. Sus delicados movimientos por encima de un paisaje desolado es similar a los de Noche y niebla, la mítica película de Resnais, sin embargo, los nuevos campos de concentración son estas construcciones y delirios arquitectónicos construidos en medio de la naturaleza, paraísos artificiales que no tardan en pagar las consecuencias de sus excesos y de su impostada audacia.

Capitalismo y neocolonialismo, dos de las formas por excelencia en Latinoamérica, focalizadas en este caso en el Brasil contemporáneo, cuna actual del resurgimiento neoliberal feroz. De modo similar a sus anteriores películas (Naturaleza muerta, 48 y Luz obscura) la interpelación a la memoria es un recurso que se sostiene formalmente para correlacionar los signos del pasado colonial con los obscenos sistemas de dominación presente. Entender esta continuidad de modelos es parte de un proceso de autoconciencia que coloca a su cine más allá de los conceptos, en el territorio de la ética, pero bien entendida, ni como pose ni como adorno. La particularidad de Fordlandia Malaise radica fundamentalmente en que el entramado narrativo y visual se sostiene sobre un marco genérico correspondiente a la ciencia ficción, con una mirada distópica, con imágenes y archivos reinventados que establece un nuevo modo de mirar. En este punto podría vincularse con ciertas zonas de Werner Herzog. En esa especie de cruzada que la directora lleva a cabo de un modo comprometido y sensible, también cabe para este mediometraje la exploración de nuevos modos de registro, sobre todo a partir de las posibilidades que ofrece la tecnología. ¿Entramos en la era donde los drones empiezan a borrar las huellas de un autor? ¿Cómo evaluar las tomas aéreas, los movimientos circulares predominantes en la película? ¿Se trata de un impacto estético/renovador? Refundar la relación hombre/naturaleza es un mecanismo paralelo, en todo caso, a repensar las direcciones y los métodos del cine político.

Por Guillermo Colantonio
@guillermocolant

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