Crítica: Flora no es un canto a la vida (2018), de Iair Said

Flora no es un canto a la vida (Argentina – 2018)
20 BAFICI: Competencia Argentina – Premiere mundial

Dirección, Guión y Fotografía: Iair Said / Edición: Flor Efron / Sonido: Jesica Suárez / Música: Matías Schiselman / Producción: Eugenia Campos Guevara, Flor Efron, Iair Said / Intervienen: Flora Schvartzman, Adriana Schvartzman, Iair Said / Duración: 64 minutos.

Estamos frente a una micro-película que en su germen no es más que una serie de fragmentos de registro casero sobre algunos momentos en la vida de una mujer y quienes la rodean. Esto que algunos podrían leer como un comentario descalificante sobre la obra es todo lo contrario, pues es ante todo el mérito absoluto de su valía cinematográfica, pues sin duda alguna lo que vemos en los 64 minutos de imagen y sonido es una cuidadosa y enorme construcción, una tarea ciclópea de montaje, preservado todo por una paciencia imaginativa que aguardó durante años para lograr crear una película casi de lo mismo que muchos tendríamos guardado en un cajón: algunas imágenes de la vida.

Flora no es un canto a la vida, es un documental que narra una breve parte de la vida de Flora, la tía abuela del narrador – director Iair Said, que se rencuentra con la anciana luego de décadas de distanciamiento, de esas lejanías producidas por las cuitas familiares que rompen vínculos ad infinitum.

Pero un día hay un volver a verse y la película comienza por ahí, por la vuelta. A partir de ese momento el uno y el otro parecen dispuestos a recuperar (de alguna manera) el tiempo perdido.

Pero el filme así presentado podría pensarse como un relato melancólico lleno de reminiscencias penosas, lento y cansino. Y es por definición un relato ágil, fresco y vivaz, aún cuando habla de la muerte.

Lo que aviva la llama de su mirada es en especial que está lleno de chispazos de humor, un humor irónico y hasta mordaz que juega con lo naif y lo tierno en algunas escenas.

Lo que también se vislumbra en esta narración es una gran sensibilidad para mostrar las pequeñas cosas que habitan en la mirada de los otros, de Flora, de su pesimismo, de su tiempo detenido, de sus frustraciones y mezquindades.

Se presenta muchas veces como en pura clave irónica, ya que la subtrama del narrador hace de cuenta que su acercamiento se juega con la sola motivación de quedarse con el departamento de la tía abuela el día que ella pase a “mejor vida”. Una idea picante porque todos pensamos alguna vez, ¿Qué pasará cuando mi abuelo no esté? ¿Me dejará algo cuando deje esta larga vida?

Flora, es entre otras cosas la representante de una generación con ideas sobre el mundo que nos resultan tremendamente familiares, nos recuerdan a nuestros antepasados, y a su vez resultan antitéticas con nuestros valores presentes. Esa es la magia, la dualidad permanente que convive en los vínculos, en especial en los familiares.

Los defectos que podemos encontrarle al filme son de orden técnico en su aspecto más primigenio, la calidad de la imagen, los encuadres que son pura improvisación, pero el contenido tan cuidadosamente elaborado borra las huellas de las imprecisiones más burdas para hacer de esta película un ejemplo joven de cómo hacer una historia genuina, un filme hecho del puro deseo de hacer lo que a un realizador lo conmueve hacer: cine y más cine.

Por Victoria Leven
@victorialeven

80%
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