Crítica: En compañía (2021), de Ada Frontini – 22 BAFICI

En compañía (Argentina – 2021)
22 BAFICI: Pasiones

Dirección, Fotografía, Montaje: Ada Frontini / Guion: Ada Frontini, Liliana Paolinelli, Susana Pampín / Producción: Betania Cappato, Ada Frontini, Martín Rodriguez Redondo / Sonido: Martín Sappia / Intervienen: Coquín De Simone, Marcelo Zanelli, Sandra García, Manuel Loza, Andrea Soja / Duración: 63 minutos.

Este documental dirigido por Ada Frontini (Escuela de sordos) aborda la relación entre humanos y perros, pero no en una relación de desigualdad, amo mascota, sino en una relación cómplice de amor y compañerismo. A través de las imágenes iremos adentrándonos en la naturaleza animal en interacción con los humanos. Disfrutaremos de la belleza animal no sólo física sino sobre todo emocional. Ese vínculo poderoso desbordante de amor incondicional que pone al descubierto de manera sorprendente el modo en el que los perros se humanizan conviviendo con sus amos. El perro se convierte en un gran compañero de vida con el que se va forjando un vínculo tan poderoso como indestructible.

LOS ROTOS DE LA CALLE

El filme recorrerá la vida feliz de unos pocos, y la desdichada de los otros menos afortunados, que son los muchos. Esa gran mayoría de perros que han sido rescatados de la calle después de haber sido abandonados, de haber estado deambulando perdidos, lastimados, hambrientos, o como aquellos que han sido liberados del cautiverio a último momento a punto de morir de inanición. Como aquel perrito olvidado en el patio de una casa abandonada, porque su única dueña había sido ingresada a un geriátrico.

El perrito, hambriento y sediento casi hasta el límite, fue salvado de morir gracias a la valentía de su rescatista que tuvo que invadir la propiedad privada saltando la pared de una casa ajena para salvarlo, o la historia de Tilingo que aglutina todas las historias de perros apaleados, atropellados o abandonados, enfermos o agonizantes en la vía pública. La dueña de Tilingo cuenta que un día su perro salió a la calle y le partieron la cabeza de un palazo, que estuvo agonizante un día entero y a punto de morir, pero finalmente se levantó como si hubiera resucitado, gracias al amor y a los cuidados de su dueña.

LOS GALGOS

El documental aborda, en un tramo importante, la utilización y explotación de los galgos para competir en carreras. El modo en el que son utilizados para ganar dinero y luego descartados cuando se lesionan y se vuelven inservibles. Como muestra de esta práctica cruel e ilegal veremos a un galgo sin una pata. Algunos de ellos corren a una muerte segura debido a los anabólicos que les dan a consumir para ganar velocidad y esto es lo que los lleva indefectiblemente a una muerte prematura, no viven más de siete años; muchas veces mueren mientras corren súbitamente de ataques al corazón. Otros, con más suerte, los que son destinados a cazar liebres, viven unos años más.

Es conmovedor el relato de la dueña del hermoso y rubicundo Fusco, las escenas se repiten al tiempo que la cámara capta los momentos en los que la vemos junto a su perro, los dos recostados en un sillón o tirados sobre el pasto, mirándose o mimándose. Incluso la mujer se atreve a confesar que Fusco le despierta un sentimiento amoroso, tan fuerte como el que se siente cuando uno se vuelve a enamorar, lo que admite sin vergüenza, porque es un sentimiento que le trae alegría y tranquilidad. No se imagina su vida sin su perro. Aunque confiesa que se trata de una relación desigual porque “siempre terminamos haciendo lo que a él le da la gana, vamos a los lugares que le gustan, hacemos lo que él prefiere hasta la hora que él quiera…”

James Thurber, el gran humorista norteamericano, ya se había referido en infinidad de oportunidades a lo que él solía llamar el dogwish, o el deseo del perro, para referirse a esa compulsión a ser tan feliz y tan despreocupado como sólo puede experimentarlo un perro. Este documental nos lleva por todos y cada uno de esos lugares de felicidad y despreocupación y pareciera invitarnos a seguir ese camino que lleva a experimentar ese sentimiento de total libertad y de alegría que pareciera lograrse dejándose estar, y sobre todo permitiéndose ser tan libre y despreocupado como sólo puede serlo un perro.

Por Gabriela Mársico
@GabrielaMarsico

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