Crítica: El hijo del cazador (2018), de Germán Scelo y Federico Robles – FIDBA

El hijo del cazador (Argentina – 2018)

Dirección, guion, producción y fotografía: Germán Scelso y Federico Robles / Sonido: Martín Sappia / Duración: 66 minutos.

El documental comienza con el fragmento de un noticiero presentando a Luis Quijano hijo en una entrevista, el reportero aclara “porqué digo hijo, porque este hombre es hijo de Luis Alberto Cayetano alias ‘el ángel’ un agente de inteligencia militar durante la época de la dictadura”. “El ángel”, padre del protagonista de este filme, fue un agente de la represión con casi 500 delitos imputados.

De allí en adelante, con el rostro mirando a cámara y su voz desplegando esta suerte de relato confesional. Luis Quijano hijo se determina como el punto de vista a través del cual conoceremos la historia, esa historia siniestra tantas veces narrada, pero ahora vista y enunciada por quien es hijo de este icónico represor.

La primera pregunta que se desprende al ver la enunciación de esta propuesta es si hay o no hay puntos de vista aberrantes, o sea, perspectivas prohibidas de representar en una narrativa documental. Si no hay ángulos aberrantes, existen miradas que rozan lo crítico, lo casi intransitable para muchos espectadores posibles.

Luis Quijano se hace públicamente conocido por denunciar a su padre frente a la justicia en el año 2010. Y la historia que se despliega no narra a Luis no solo como hijo, sino como testigo y parte activa en su primera juventud con las tareas de inteligencia que su padre llevaba a cabo en el destacamento. Así nos describe con precisión que a los 15 años su faena era destruir documentación, literatura y panfleteria de la subversión. “Yo creía que lo que hacía era algo bueno, importante” expone que le habían construido un ideal de hombre que debía luchar junto a su padre contra los enemigos de la guerrilla.

Confiesa, mostrando varios ejemplares aún intactos, que robaba libros de este procedimiento , ejemplares que leía con avidez, textos de origen ruso con contenidos científicos y filosóficos muy de avanzada para la época.

La confesión de haber sido testigo del secuestro de un adolescente del ERP, que nos narra con distanciamiento y bastantes imprecisiones evidencia la mentira con la que aquel joven vivía en esos años. “Ellos secuestraban gente, y para mi eran ídolos, porque para mí eso estaba bien”, y esa definición resuena tan atroz como veraz en este testimonio que hoy el protagonista de más de 40 años presenta frente a cámara.

La escena paradigmática donde pone un grabador para hacernos escuchar sonidos lejanos de sesiones de tortura (sonidos que jamás se escuchan) culmina en un discurso de Hitler y música de marchas militares que Luis describe era lo que sonaba en su casa desde su más tierna infancia.

En presente se suceden algunas imágenes significativas: fragmentos del juicio a su padre, imágenes de su vida en Europa, su casamiento en Rusia, la visita a un centro de tortura, y hasta su extraña obsesión por el amor hacia los animales.

Volver sobre esta historia de nuestra historia desde la vida Luis Quijano es un documento que aborda desde una mirada atípica parte de los momentos más críticos de nuestro oscuro pasado.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

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