Crítica: El año del descubrimiento (2020), de Luis López Carrasco – MDPFF35

El año del descubrimiento (España / Suiza – 2020)
35 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Competencia Internacional

Dirección: Luis López Carrasco / Guion: Raúl Liarte, Luis López Carrasco / Producción: Luis Ferrón Ferri, David Epiney / Fotografía: Sara Gallego / Montaje: Sergio Jiménez / Diseño de producción: Víctor Colmenero / Diseño sonoro: Alberto Carlassare / Duración: 200 minutos.

El empleo del tiempo no es una cuestión menor en el contexto de un festival. La película de López Carrasco dura 200 minutos y lo que a priori podría parecer un exceso, se justifica siempre y cuando uno no abandone el barco, porque en ese devenir de palabras a pantalla dividida se entra en un huracán testimonial de indignaciones compartidas mientras se llenan vasos de cerveza, se encienden cantidad de cigarrillos, se cuentan sueños y frustraciones, y fundamentalmente se discute. Dos cuestiones importantes. La primera es que son trabajadores, ciudadanos comunes, quienes hablan y dan forma a un discurso cuyo signo es el desencanto generalizado. Es el mundo de la doxa a pleno donde progresivamente se cuelan la ira, el miedo y la indignación. La segunda, que la crisis de la que se da cuenta está fechada, pero el embate es atemporal. En 1992 se celebra en España un nuevo año del “descubrimiento”, se hace la Expo Universal de Sevilla y se llevan a cabo los Juegos Olímpicos de Barcelona. Al mismo tiempo, como si fuera una película filmada en el patio trasero de los grandes estudios, el proceso de reconversión industrial impulsado por el gobierno provocaba una crisis social tremenda en ciudades como Cartagena. “En el país de las maravillas, había ciudades jodidas”, dice un hombre, quien condensa a la perfección las dos caras: la apariencia ostentosa y el engaño.

Y entonces el bar surge como espacio real de debate, de intercambios calientes, donde cada gesto, rostro y sentencia evidencian la delicada situación laboral. En este sentido, el malestar también alcanza al cuerpo. Desde el punto de vista de las formas, es posible que el procedimiento empleado afecte luego de un tiempo la mirada o la paciencia, sobre todo por la extendida duración. Sin embargo, en la repetición se encuentran leves diferencias. Una de ellas es el juego en ocasiones de plano/contraplano utilizando los dos segmentos de la pantalla dividida. Además, en otras oportunidades es factible hallar en cada cuadro que un diálogo es acompañado al lado por imágenes que refieren el acontecimiento político en toda su dimensión, incluyendo las protestas en la calle y la represión policial. Un punto aparte lo constituye el montaje sonoro que orienta la atención y que se superpone frecuentemente a través de diversas capas de voces, música y ruidos ambientes. Los dos cuadros de la pantalla son como parlantes en estéreo. Los únicos golpes secos siempre serán los de las balas, segmentos donde acertadamente el sonido se clarifica.

Hay un aspecto crucial en lo que respecta a la naturaleza del documental y su posibilidad de registro y exhibición diferida. Si existe un principio rector de la película ligado a cierta práctica contemporánea es la posibilidad de ocuparse del acontecimiento político propiamente dicho en tanto imagen, sean cuales fueran los dispositivos de enunciación. No hace falta reparar en una dimensión estética, lo importante es la lectura que se haga de lo que se dice. De allí que a varios espectadores acaso les choque tal propuesta, siempre ocupada en aquello que las imágenes dicen antes que lo que muestran o cómo lo muestran. Por ello, El año del descubrimiento es un documental político contemporáneo cuyo linaje ya no obedece a la tradición del cuidado estético de las imágenes ni se corresponde necesariamente en su gestación con la simultaneidad del acontecimiento en sí. Es interesante notar el impacto de una película concebida en estos términos, fundamentalmente en este tiempo presente de ventanas y de monitores parcelados. ¿Qué ver, qué escuchar? ¿Qué queda y dónde queda el acontecimiento en sí? La respuesta es una pluralidad de voces damnificadas que se manifiestan en planos/monitores según fueron concebidas en sus momentos de enunciación. Y he aquí otro de los rasgos singulares de la propuesta: las borraduras cronológicas específicas. Una invitación a adivinar el marco temporal de cada segmento. Pese a la cercanía con lo real, la película abre y cierra con un sueño relatado y se escucha por ahí “Aunque no lo recuerde, sí que lo he vivido”, un sintagma revelador de esa distancia que media entre pasado y presente, con las tretas mismas de la memoria.

Más allá de todo, el sentido de El año del descubrimiento repercute de modo crucial, sobre todo para contrarrestar los consejos morales provenientes del primer mundo. Cada país carga con sus propias miserias.

Por Guillermo Colantonio
@guillermocolant

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