Crítica: Edición ilimitada (2020), de Cozarinsky, Loza, Cosin y Paula

Edición ilimitada (Argentina – 2020)
35 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Sección Oficial Fuera de Competencia
Disponible para alquiler a través de Cinear Play durante 8 semanas a partir del 17 de diciembre

Dirección y Guion: Edgardo Cozarinsky, Santiago Loza, Virginia Cosin, Romina Paula / Productores: Diego Dubcovsky, Florencia Scarano / Dirección de fotografía: Daniel Ortega, Eduardo Crespo, Lucio Bonelli / Dirección de arte: Martina Nosetto, Paula Repetto / Música original: Germán Cohen / Montaje: Iair Michel Attias, Loli Moriconi, Eliane D. Katz / Intérpretes: Edgardo Cozarinsky, Eugenia Alonso, Camila Fabbri, Juan Manuel Casavelos, Alan Cabral, Katia Szechtman, Cynthia Edul, Pablo Sigal / Duración: 74 minutos.

Edición ilimitada es un filme compuesto de cuatro cortometrajes. Cuatro historias cortas dirigidas y escritas por diferentes directores, que además son escritores. Podríamos decir que estamos frente a un ensayo que discurrirá sobre los procesos de escritura y lectura, que darán lugar a la indagación de aspectos tan literarios como cinematográficos como lo son por ejemplo, el punto de vista, parodiado por Cozarinsky, el personaje y la puesta en escena, trastocados y revueltos hasta el paroxismo, en Santiago Loza; la voz narrativa introducida con algo de sarcasmo e ironía por Virginia Cosín, y los modos de representación y los límites o alcances entre la ficción y la realidad, por Romina Paula.

CAPÍTULO 1. EL PUNTO DE VISTA DEL OJO QUE NO VE

Podríamos referirnos en este primer capítulo al punto de vista limitado, en este caso particular, la limitación no estaría dada por cuestiones tales como la falta de experiencia, saberes o sensibilidad del que mira, sino, humorada aparte, por un ojo con cataratas. Vemos a un señor mayor, Cozarinsky, actor y director, que se tapa un ojo, el ojo derecho, para poder leer un ensayo sobre capitalismo. Una mujer lo observa y se acerca para ofrecerse a leerle al menos un par de páginas.

Asistiremos a la operación de cataratas con planos quirúrgicos de registro documental, y veremos imágenes de su ojo ya librado de la catarata como uno de sus tantos chistes visuales. El señor vuelve al bar, pero con otro punto de vista, sin tomar en cuenta que en un relato corto no se aconseja cambiarlo, no al ojo, sino al punto de vista, claro está. Esta vez, con “El discurso amoroso” de Barthes entre manos, el narrador que no deja de reírse y burlarse de sí mismo, y con un punto de vista ahora menos distanciado, paradójicamente, se encontrará en problemas para seguir narrando…

CAPÍTULO 2. LA LECCIÓN DEL MAESTRO

En este segundo corto dirigido por Santiago Loza asistiremos al encuentro entre un poeta veterano, culto y refinado, una caricatura de lo que era entonces la figura del escritor dandy ya pasado de moda, y un joven aspirante a escritor que ha venido a visitarlo a instancias de su abuela para leerle sus escritos. Los encuentros se sucederán en varias oportunidades, la repetición de la llegada del joven, la espera a la que deberá someterse para poder leer sus escritos, las salidas a confiterías, donde se seguirá el rito de la vieja y rancia aristocracia del té con masas, y paseos al aire libre, en los que el veterano intentará seducir al joven sin ningún interés en escucharlo, crearán la tensión adecuada hasta que al fin llega el momento tantas veces postergado de la lectura. El encuentro con el joven le resultará tan desconcertante como el poema que al fin se dignará a escuchar. El poema, con una sintaxis simple, una descripción tan poco pretenciosa como genuina, logrará desmontar el andamiaje artístico, ornamental y ya ruinoso, del veterano, y lo dejarán tan absorto y ensimismado, e incrédulo quizás, por el trastorno que el amarillo de un mantel de hule, y la figura de un limón, podrían haberle provocado. Tanto así que quedará retratado en un bellísimo plano mirando a través de la ventana, sumido en un estado de contemplación y arrobamiento…

CAPÍTULO 3. LA VOZ NARRATIVA

Virginia Cosin nos introduce, en medio de una fiesta de cumpleaños, en la cabeza y en el fluir de la conciencia de una escritora de 35 recién separada y con una hija que, a su vez, acaba de publicar una novela sobre una escritora de 35 recién separada y con una hija. La recursividad, a modo de guiño cómplice y risueño que se le hace al espectador, es parte del juego que nos proponen los directores en cada uno de los cortos. Dando una versión de lo mismo que se está contando inserta dentro del relato a la manera de cajas chinas o muñecas rusas.

La voz en voice over la interpelará en segunda persona, utilizada de manera poco frecuente en literatura lo que hace que suene todavía más a humorada. La voz se jactará en recriminarle, que ella, la escritora, no tiene una voz, sino que aún la está buscando. La atormentará durante algún tiempo con todos y cada uno de los temores e inseguridades que experimenta todo escritor con su propia escritura hasta que llegará a tener una especie de epifanía joyceana.

CAPÍTULO 4. LA RECURSIVIDAD

Asistiremos, en el último corto realizado por Romina Paula, a un taller literario en el que se dará lugar a la lectura de un texto teatral “Fauna”, de su autoría, que será convertido en filme. El texto, a medida que es leído por los participantes del taller, nos irá abismando dentro de sus capas. Los espectadores, al igual que los participantes, quedaremos algo desconcertados frente a la tarea de discernir si lo que se lee es la realidad, o la ficción, es decir, se hace difícil distinguir la representación dentro de la representación de la realidad. En este punto, la coordinadora del taller menciona la escena teatral de la ratonera montada por Hamlet que replica el asesinato de su padre llevado a cabo por su tío, convertido en rey. Es decir, teatro dentro del teatro. Representación dentro de una representación. En este punto la ficción estaría dada como un canal de acceso a la verdad, citando a Piglia, y para seguir con el juego de recursividades, citando a Lacan, a su vez, citado por Piglia, la verdad tiene estructura de ficción.

Por Gabriela Mársico
@GabrielaMarsico

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