Crítica: Cuando ellas quieren (2018), de Bill Holderman

Cuando ellas quieren / The book Club (Estados Unidos – 2018)

Dirección: Bill Holderman / Guion: Bill Holderman, Erin Simms / Fotografía: Andrew Dunn / Música: Peter Nashel / Dirección de Arte: Leslie Borchert / Producción: Bill Holderman, Erin Simms, Andrew Duncan / Intérpretes: Diane Keaton, Jane Fonda, Candice Bergen, Mary Steenburgen, Andy Garcia, Don Johnson, Alicia Silverstone, Richard Dreyfuss, Katie Aselton / Duración: 104 minutos

El formato argumental de amigos o conocidos unidos por el hábito de la lectura, en forma de club oficial, extraoficial o como lo deseáramos presentar es bastante popular dentro del cine comercial, solo que en esos casos a los personajes/lectores los suele unir algún escritor o escritora de culto: Jane Austen, Walt Whitman, y otros tantos más.

En esta propuesta de comedia de señoras que se divierten leyendo, al grupo nos las une la cultura de la lectura intelectual, ellas son un grupo de 4 amigas con el hábito mensual de proponer libros para leer y comentar, un pasatiempo sin fines extracurriculares. Hasta que un día una de ellas, interpretada por Jane Fonda, propone ni más ni menos que la saga novelística erótica -si así la podemos llamar-  “50 sombras de grey” y el texto barato pero picante provoca todo tipo de reacciones. Desde el rechazo radical, hasta la curiosidad más imparable todo termina decantando en que aquel libro “de pornografía para amas de casa” (como lo definió Stephen King) les genera en distintos niveles y estilos un nuevo despertar sexual, o al menos una ráfaga de fantasías dispuestas a buscar su destino entre las sábanas.

El grupo se presenta en cuatro roles de mismas edades pero diversas vidas sociales, amorosas y profesionales: Diane Keaton es aquella mujer viuda que se dedicó exclusivamente a sus hijas y su familia, Jane Fonda es la sexy y exitosa empresaria que le huyó siempre al amor, Candice Bergen es una jueza federal divorciada desde hace una década que no deja aún de estar al tanto de la vida de su ex y su noviecita cuasi adolescente, y finalmente Mary Steenburgen la mujer casada desde la adolescencia, amante fiel y compañera sin igual de su septuagenario marido, todo puesto en una suerte de matrimonio “casi” ideal.

Pero cada una de ellas tiene una cuenta pendiente con el amor, y con el sexo sin duda alguna, pero las necesidades y los vericuetos de sus imaginarios son bastante diferentes. Lo que las une es esa suerte de ingenuidad de mujer/niña capaz de sonrojarse con un libro semi porno de pacotilla. Eso sí, la película no intenta ensalzar el texto de Grey y sus sombras como algo aplaudible, sino que por el contrario, lo utiliza para parodiar la problemática del amor y la sexualidad en la era de la crisis de géneros.

Es así que Diane conoce a un apuesto cincuentón (Andy García) que la hace olvidar de su rol de madre eterna y viuda sin salida. Candice cae en el mundo de las relaciones vía Internet y comienza una etapa de destape, liberación y búsqueda. Jane se reencuentra con su primer amor, aquel que ella ha dejado hace décadas atrás (Don Jhonson) un tipo decidido a reconquistar a esta bella y rebelde mujer que le teme a los enredos del corazón, y finalmente Mary la esposa perfecta suelta sus fantasías íntimas más audaces y busca recobrar con su marido el paraíso del erotismo perdido a como dé lugar.

La comedia es liviana y entretenida. No pretende más profundidad que la de jugar con estas actrices en escena poniendo en la pantalla sus avatares amorosos más cargados de ingenuidad y picardía que de alto erotismo.

El casting no logra estar en su plenitud de manera pareja y constante como sería ideal en este tipo de filmes de gags femeninos. Diane Keaton tiene el papel más deslucido que puedo recordar en su carrera, y en cambio una actriz menor en cartelera como Candice Bergen resulta mucho más desopilante de lo imaginado.

Sin expectativas de lujo, pero son la capacidad de robarnos algunas risas y sonrisas Cuando ellas quieren es un rato de entretenimiento sin triple X y con la gracia de cuatro figuras que le hacen homenaje a la femineidad más canónica,  todo en una puesta a modo de sátira y apta para todo público.

Por Victoria Leven
@levenvictoria

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