Crítica: Choele (2013), de Juan Sasiaín

Choele (Argentina – 2013)

Guión y dirección: Juan Sasiaín / Fotografía: Germán Vilche / Música: Gustavo Pomeranec / Edición: Alberto Ponce / Dirección de arte: Lucila Presa / Sonido: Pablo Bustamante Ancla / Intérprete: Leonardo Sbaraglia, Guadalupe Docampo, Lautaro Murray, Ian Ñancufil, Milka Kloster y Lela Ruiz / Duración: 90 minutos.

EL ÉXITO DE LA SIMPLICIDAD

_ Y la pausa, fundamental la pausa.
_ ¿Vos decís que funciona? –le pregunta el hijo.
_ Sí.
_ ¿Quién te lo dice?
_ Los años –explica Daniel.

Coco (Lautaro Murray) toma los consejos de su padre (Leonardo Sbaraglia) como leyes y trata de ponerlos en práctica con la chica en cuestión. Pero el inconveniente no es la técnica de seducción propiamente dicha ni tampoco el hecho de que sea inexperto en las cuestiones amorosas, sino que el chico se siente atraído por Kimey (Guadalupe Docampo), la novia del padre, mientras que, al mismo tiempo, ignora a una chica de su edad que le pide ser la novia. De esta forma, los primeros matices del amor se plasman en sus dos formas más características: la idealización y la realidad, respectivamente.

El despertar de los sentimientos funciona como el germen que da inicio, de forma paulatina, al pasaje de la infancia hacia la adolescencia. Por tal motivo, Coco aún se divierte con su amigo Maxi (Ian Ñancufil) en un lago o hace guerra en una casa abandonada y, al mismo tiempo, habla de cuántos besos dio o usa el perfume de Daniel.

Pero en Choele, el director Juan Sasiaín busca no sólo evidenciar la convivencia de ambos mundos, sino que hace particular hincapié en la simbiosis entre ellos: Coco necesita ser mayor en presencia de su amigo o de las chicas pero mantenerse como un niño frente a su padre, no como capricho, sino más bien como afianzamiento del vínculo. En consecuencia, Coco tiende a buscar sus consejos, protección o anécdotas y sólo se rebelará contra él en ocasiones puntuales, sobre todo, en algunas donde intervenga Kimey.

El director trabaja las relaciones de los personajes y su propio accionar desde lo cotidiano y, para ello, se ayuda del paisaje como un elemento fundamental. De esta manera, se exhiben lagos, casas en ruinas, el pueblo o diferentes negocios, los lugares alejados o escondites que refuerzan la idea de la rutina y lo natural.

Entonces, si bien Sasiaín emplea lo simple y habitual como marco para las relaciones humanas, dichos rasgos permiten indagar un poco más hacia los orígenes de esas conexiones y sacar a la luz sus formas más puras. Allí radica la esencia de Choele, en la tímida propuesta de un noviazgo o en compartir un secreto con un ser querido, en esos momentos sencillos, cotidianos y casi imperceptibles de la desaforada vida moderna.

Por Brenda Caletti
redaccion@cineramaplus.com.ar

 

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