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Crítica: Casa Coraggio (2017), de Baltazar Tokman

Casa Coraggio (Argentina – 2017)

Dirección: Baltazar Tokman / Guion: Baltazar Tokman y Valeria Groisman / Fotografía: Connie Martin / Edición: Eliane D. Katz / Duración: 86 minutos.

El director Baltazar Tokman toma la historia real de una familia que se dedica, desde hace muchos años, a trabajar en una casa de sepelios ubicada en la localidad de Los Toldos, Provincia de Buenos Aires, para abordar este relato, en el que elige que el padre de familia y su hija Sofía sean los protagonistas, poniéndolo de manifiesto al inicio del filme.

Sofía es consciente del delicado estado de salud de su padre, y esta será una de las razones por las que decidirá pasar una temporada en su pueblo natal. No solo para reencontrarse con su familia y recordar la cotidianidad de su infancia, sino también, como una especie de investigadora, indagará sobre el negocio familiar y la tradición de la Casa Coraggio, para replantearse si debe continuar, o no, con el legado.

Se ocupa de su padre, de su madre que vive apartada de la familia, de su hija (que está a punto de cumplir quince años) y de una abuela que le transmite experiencia y le recuerda la importancia de continuar con el legado. Esta abuela, fundamental en su vida, será clave a la hora de tomar una decisión. Toda película reposa desde el punto de vista de Sofía, quien se pondrá al frente del negocio familiar y se asumirá dueña de Casa Coraggio.

Un plano panorámico y la música instrumental, acompañan a padre e hija en el viaje hacia Los Toldos, es así como comienza esta historia en donde se desdibujan los límites entre la ficción y el documental. En la siguiente escena, nos encontramos en el patio con toda la familia e inmediatamente pasamos a formar parte de esta reunión. Por momentos, cuando la cámara acompaña a Sofía en la soledad de la casa, se quiebra la estructura del documental, sobre todo cuando el sonido ambiente se transforma en música extra diegética. Y entonces nos preguntamos si lo que estamos viendo es espontáneo o es algo que el director incorpora desde un guion. Con este recurso Tokman se despega, en parte, de lo documentado para dar vida a la ficción, e invita a los espectadores a que completen la otra parte de la historia que no se muestra. Cabe señalar que cuando todo surge de manera libre, más fluida se desplaza la narración.

Las hermosas tomas panorámicas, sumada la presencia de los no actores y el adentrarnos en el ritual de preparar a un fallecido para un velatorio, aprender de esta profesión y ver con que profesionalismo y respeto lo hacen, dan como resultado un filme honesto y valioso. A través de la voz de la experiencia, Casa Coraggio busca que las personas se identifiquen con vivencias del pasado, para así poder delimitar en el presente la propia identidad y de esta forma trazar el camino a seguir.

Por Mariana Ruiz
@mariana_fruiz

 

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