Crítica: Carmen Vidal mujer detective (2020), de Eva Dans – 22 BAFICI

Carmen Vidal mujer detective (Uruguay – 2020)
22 BAFICI: Competencia Americana

Dirección, Guion: Eva Dans / Fotografía: Germán Nocella, Victoria Pena / Montaje: Manuel Rilla / Dirección de Arte: Lucía Malandro / Sonido: Rafael Álvarez González / Música original: Maximiliano Silveira / Intérpretes: Eva Dans, Luciano Demarco, Nicolás Luzardo, Leonor Courtoisie, Roberto Suárez / Duración: 71 minutos.

No puede obviarse que Carmen Vidal mujer detective, la ópera prima de Eva Dans, tiene un comienzo prometedor. La caminata inicial de la protagonista con fondo urbano, gris y apático, como tantas veces nos ha mostrado el cine de jóvenes uruguayos, mientras transcurren los créditos de apertura, parece una invitación estimulante a la comedia negra. Además, la música ayuda muy bien a crear esa atmósfera, ni triste ni alegre, más bien juguetona, cercana a la parodia. Este inicio ya es un corto en sí mismo, sobre todo cuando vemos a Carmen ingresar a su oficina y entonces todos los signos que asociamos al imaginario detectivesco están puestos patas arriba. ¿Una mujer que investiga? Sí. Y no solo eso. Su lugar es un despelote, estamos en fin de año y ella festeja comiendo pizza fría. Luego, la llama Iván su compañero para que se sume a él y su madre en el festejo, despojado de espectacularidad. De entrada sabemos que nuestros personajes son parte de un cuadro existencial opaco y que el éxito de sus investigaciones no garantiza nada. El mundo es otoñal, como marrón es el color estrella de los cuadros que suceden como viñetas.

Detectives de barrio. Nada mal para empezar. Una actualización bizarra del Noir licuada con una estética montevideana con sombras de Jean Pierre Mellville. Carmen, además, no tiene un mango y debe trabajar de cajera en un supermercado para evitar el desalojo. La perdición del Polar francés acompaña un destino de carne y hueso. Encima, un hecho determinante modificará la naturaleza de la protagonista, extraviada ahora en sobredosis de porro y de pizza.

No obstante, por algún motivo inexplicable, ese lirismo de perdedores cede el paso a un coladero de actuaciones desastrosas en personajes laterales, a ritmos narrativos desencontrados, como si la abulia hubiera ganado la pulseada frente a un juego que venía muy bien. De modo tal, que la figura excluyente, Carmen Vidal, termina desdibujándose, eclipsada por el subrayado de poses televisivas, salidas infantiles, que perjudican ostensiblemente una película inicialmente subversiva y fresca. Una pena.

Por Guillermo Colantonio
@guillermocolant

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