Crítica: Atarrebi et Mikelatis (2020), de Eugène Green – MDPFF35

Atarrabi et Mikelats (Francia / Bélgica – 2020)
35 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Panorama Autores

Dirección y Guion: Eugène Green / Producción: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne, Paul-Anthony Mille, Julien Naveau / Fotografía: Raphaël O’Byrne / Montaje: Laurence Larre / Intérpretes: Saia Hiriart, Lukas Hiriart, Ainara Leemans, Thierry Biscary, Pablo Lasa / Duración: 123 minutos.

La nueva película de Eugène Green es la adaptación de una leyenda vasca hablada en euskera. Si, en términos generales, el cine del director propone mecanismos de distanciamiento (son habituales, por ejemplo, la frontalidad de los planos/contraplanos en los diálogos y el estiramiento temporal de dichos intercambios), la cuestión lingüística aumenta más ese enrarecimiento característico de sus imágenes, porque amplifica el efecto desde el sonido, ya sea fonéticamente como en las lacónicas sentencias que intercambian los personajes. En esta oportunidad, la cosmovisión mítica de una comunidad se funde con signos propios del imaginario contemporáneo. El título alude a los dos hijos de la diosa Mari. Es de este modo que podemos hallar un diablo que escucha rap y goza de un semblante juvenil, y dos hermanos que son educados por él a partir del deseo de una madre que se los sirve en bandeja. El drama surgirá cuando uno de ellos elija volver al mundo. En el mundo, se une a un monasterio, deseoso de encontrar la luz de Dios. Pero aquí está el problema: como el Padre Superior  explica, debido a los oscuros poderes sobrenaturales de su madre, Atarrabi (literalmente) no proyecta ninguna sombra. Y por eso no se le permite convertirse en monje. Todo lo que quiere es subir una escalera al cielo, pero el destino le ha negado el acceso a la luz de Dios.

Y es el Diablo quien logra retener su sombra. La representación del personaje luciferino, en medio de todo este baño de estilización, es graciosa, en tanto y en cuanto regentea el infierno como si fuera una empresa. A esta virtud, se pueden sumar un par de escenas antológicas por la belleza que transmiten: la radiante joven del pueblo que quiere casarse con Atarrebi, caminando por una carretera al anochecer mientras la música de una danza medieval cuadrada se mantiene detrás de ellos, o el modo en que un buitre blanco, cerca del final, asoma su pico hacia un cadáver expuesto. No obstante, con una intencionalidad satírica y un trabajo formal sustentado en una variada paleta de colores, Green propone una historia por momentos desangelada y en otros (sobre todo en el infierno, que siempre será encantador en pantalla) más divertida, aunque excedida frecuentemente en el alejamiento emocional.

Por Guillermo Colantonio
@guillermocolant

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