Crítica: Amor, etc (2014), de Gladys Lizarazu

Amor, etc. (Argentina – 2014)

Guión y Dirección: Gladys Lizarazu / Producción: Rosalia Ortíz de Zárate, Gladys Lizarazu / Dirección de Fotografía: Martin Frías / Dirección de Arte: Paula Mysyna / Montaje: Guille Gatti, Sebastián Romero Bernhardt y Diego Olmos / Música: Juan Cruz Masotta / Intérpretes: María Canale, Alberto Rojas Apel, Romina Richi, Stella Matute, Maria Figueras, Lorena Vega, Bianca Dezillio, Santiago Carranza, Maruja Bustamante / Duración: 84 minutos.

CADENCIAS CORPORALES

“Un corazón que crece mucho duele Lisa”, le confiesa Dib mientras ambos están sentados en el piso del living. Sus rostros casi no se perciben puesto que la luz de la tarde ya no se filtra por la ventana e, inmersos en esa especie de tiempo suspendido, él le cuenta su sueño. Lisa se apoya un poco sobre Dib y, al rato, se levanta apenada por la historia. Entonces, él la hace recostar en el suelo y coloca la cabeza sobre sus piernas. Si bien cada uno mira hacia un lugar diferente, aún mantienen cierta semejanza en la posición de los brazos o piernas.

Resulta interesante el trabajo sobre los cuerpos, opuestos y complementarios, en la ópera prima de Gladys Lizarazu: por momentos focalizados en la singularidad de cada uno y como fiel reflejo de sus preocupaciones, dudas o anhelos; en otros casos, como refuerzo del vínculo de pareja en una fusión entre la ternura y el deseo. Por ejemplo, una escena en la cual Dib está acostado en la cama y Lisa se sienta a su lado. Ella le comenta sobre sus incertidumbres respecto a unas llamadas telefónicas buscando a la antigua dueña de la línea y también sobre sí misma. Él murmura y se levanta. Ella se acuesta y ahora es él quien manifiesta su descontento desde la mudanza y algunos cambios negativos en la pareja como la disminución del sexo o el propio interés hacia el otro.

Pero en Amor, etc. se despliega una fuerte impronta de ese algo más, en un paralelismo de historias y personajes que influyen en la relación de los protagonistas y que se puede diferenciar en dos vertientes: por un lado, la obsesión de Lisa por María Eugenia, una figura creada por los llamados telefónicos de diversas personas como su ex marido, su madre o amigos; por otro, la familia de la joven o los vecinos, quienes, en lugar de favorecer a la construcción de la cotidianidad, desgastan un poco el relato debido a sus marcados estereotipos. Una primera aparición de la vecina que se queja por los ruidos de la batería de Dib funciona como rasgo rutinario, la reiteración de las protestas se convierte en algo agobiante. Lo mismo ocurre con los cambios de humor de la dominante madre de Lisa, de su hermana o de la adolescente que canta con el karaoke a toda hora.

Fiel a la frase de su protagonista masculino, Lizarazu pone en evidencia ese dolor a través de una asfixia tanto metafórica como concreta de la convivencia ya sea desde los diversos actores sociales como del propio departamento pero despegada de un marcado sentimentalismo. El amor expresado en cuerpos que juegan con el contraste de sus posturas y un etc. comprendido por una pluralidad de voces y personajes secundarios que si bien le atribuyen ciertos matices a la pareja, por momentos, desdibujan al amor. El murmullo se transforma en una súplica y la nube difusa se vuelve más clara que nunca: el corazón salió del pecho.

Por Brenda Caletti
redaccion@cineramaplus.com.ar

 

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