BAFICI: Grand Central (2013), de Rebecca Zlotowski

Dirección: Rebecca Zlotowski / Guion: Rebecca Zlotowski, Gaëlle Mace / Fotografía: George Lechaptois / Montaje: Julien Lacheray / Producción Ejecutiva: Marie Tappero / Intérpretes: Tahar Rahim, Léa Seydoux, Olivier Gourmet / Duración: 94 minutos.

AMOR TÓXICO

En su segunda película, como directora, Rebecca Zlotowski presenta Grand Central, un drama romántico centrado en el corazón de una comunidad que vive de la explotación nuclear. Con la central como faro de la historia y los personajes que habitan los alrededores, la realizadora, recrea un triángulo amoroso cargado de tensión sexual.

Gary (Tahar Rahim) llega a Rhone Valley con la seguridad de comenzar a trabajar en la  planta nuclear, centro económico de la región. Sin contar con estudios finalizados ni experiencia laboral calificada, sus funciones se limitarán al escalafón más bajo y peligroso. Obligado a manipular material radioactivo a diario, y consciente de la permanente degradación de su salud, Gary parece disfrutar su nuevo empleo. La alegría será aún más plena cuando conozca a la bella Karole (Léa Seydoux), que con sus micro shorts y bodies pegados a su esbelta figura, lo terminan de embelesar. La seducción comienza. Pero Karole no está sola, vive en pareja con Gilles (Olivier Gourmet), uno de los responsables de la planta. Las fichas están dispuestas en el escenario descripto: el triángulo está planteado, ahora veremos que sucede.

Dentro de lo que el género permite esperar (el triángulo amoroso, un embarazo sorpresivo, las personalidades antagónicas de los que se disputan el amor, etc) se puede decir que Grand Central es innovador en torno a su estilo. Se hacen presentes ciertos rasgos estilísticos que dan cuenta de una narración distinta. El tratamiento realista del trabajo cotidiano en la planta favorece a crear una atmosfera ideal: besos apasionados, alguna escena de sexo frenético y por qué no, una buena excusa para deleitarse de la sensualidad de Léa Seydoux.

Al parecer el amor no correspondido no sólo deteriora el estado psicológico y emocional de Gary sino también su salud física que se ve amenazada en reiteradas oportunidades. Poco le importa perder su capacidad respiratoria o parecerse cada vez más a un muerto en vida. La sirena de alerta, de la central nuclear, suena hasta tres veces si está todo controlado, pero si supera las seis, el riesgo es potencialmente mortal e incalculable. ¿Cuántas veces sonará la sirena una vez que se deba poner fin a este drama?

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