Crítica: Doubles vies (2018), de Olivier Assayas

Doubles vies / Non-fiction (Francia – 2018)

Dirección y Guion: Olivier Assayas / Producción: Charles Gillibert / Fotografía: Yorick Le Saux / Montaje: Simon Jacquet / Dirección de Arte: François-Renaud Labarthe / Intérpretes: Guillaume Canet, Juliette Binoche, Vincent Macaigne, Christa Théret, Nicolas Bouchaud / Duración: 107 minutos.

Oliver Assayas lleva dirigidas y escritas una treintena de filmes desde los 80 hasta la actualidad. Su filmografía presenta variaciones de estilo dentro de ciertas temáticas reiterativas como la del universo de los vínculos amorosos.

Con tamaña trayectoria sorprender al espectador es un desafío que no siempre se cumple. Doubles vies hace honor a esta conflictiva instancia: no sorprende en nada. Los primeros minutos son fluidos, dialogados y con personajes seductores que predicen lo que se viene en el resto del relato que será casi una repetición del mismo juego. Y como tal reiteración, aburre.

La trama va de la mano de actores empáticos para el espectador que con trabajos de gran calidad se imponen. Guillaume Canet y Juliette Binoche, entre otros, le otorgan calidez y verosímil a sus caracterizaciones, pero no es suficiente para que la película se destaque o nos hipnotice por eso.

Esta vez Assayas retorna a la comedia y se juega a poner en debate a varios personajes enredados por el amor y otras cuestiones como el arribo de la era digital y como cada uno se posiciona frente a ello. Por un lado hay una pareja él es editor y se debate entre el libro en papel y sumergirse en la transmedia que todo lo puede; ella su esposa, es actriz, y se debate entre su trabajo de protagonista en una serie o volver a las tablas, y cerramos el triángulo amoroso con el escritor frustrado que dirime su destino entre las redes sociales y su escritura autoral.

Los vínculos amorosos fallidos disponen el terreno para largos diálogos sobre la profesión, el nuevo mundo tecnologizado, el amor que se termina, las mentiras, los secretos, las ansias de triunfar, el deseo inexorable de ser felices a como dé lugar.

Ese clima se esparce a lo largo de los 107 minutos, difusos, livianos. El relato discurre gentilmente sin que sea demasiado grave, eventualmente, poder perderle la pista.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

55%
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