Inéditas: La balada del Oppenheimer Park (2016)

La balada del Oppenheimer Park (México / Canadá – 2016)
Festival Frontera Sur 2018: Foco Juan Manuel Sepúlveda

Dirección y Fotografía: Juan Manuel Sepúlveda / Producción: Juan Manuel Sepúlveda, Elsa Reyes, Isidore Bethel / Edición: Isidore Bethel, León Felipe González, Juan Manuel Sepúlveda / Duración: 76 minutos.

Canadá, Vancouver, un parque, y el ritual de supervivencia que despliegan un grupo de nativos exiliados de las reservas aborígenes. Marginales hoy, ayer oprimidos. En este derrotero documental los vemos estar ahí, devenir. Los vemos habitar ese no lugar, un espacio que llenan, abruman, ocupan y hacen de eso una forma de vida.

El vacío con el que el filme inicia está marcado por una serie de planos fijos generales y detalles del parque sin presencia del hombre como si esa ausencia se abriera por todos los rincones del lugar. Ese vacío que se completa antes que nada con la observación atenta de Sepúlveda adueñándose del territorio de esa suerte de “nada” extraña que es una plaza pública.

Allí se despliega el universo de los personajes que están ahí, y estar es un acto de hacer de eso algo propio. Allí el banco es la cama de alguien, la mesa de cemento es el encuentro de dos que hablan, el césped es el depositario de los carritos de supermercado abarrotados de objetos, y la cámara cercana los mira sin romper su hábitat casi privado pero público a la vez.

El parque tiene espacios y subespacios que están determinados por los hábitos de los tres personajes centrales: Janet, Harley y Bear. Beben sin principio ni fin, hablan como rugiendo, cantan como si fuera un acto de subversión. En su estar alterado se genera un recorte: los otros no podrán pertenecer jamás a ese mundo construido. La marginalidad y la locura parecen circular entre las palabras, una locura desesperada, desolada. Que suena a una balada que se grita como un aullido en la noche. El paso del tiempo define un devenir. La abulia está allí también. Los vínculos crean un mundo angustiante, continuo como un infinito que no puede cambiar su rumbo. Y el clima perturbador de los días nos toma de testigos esenciales.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

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