FICDH: Vivir y otras ficciones (2016), de Jo Sol

Vivir y otras ficciones (España – 2016)

Dirección y guión: Jo Sol / Fotografía: Jordi Solé, Afra Rigamonti / Intérpretes: Pepe Rovira, Antonio Centeno, Arántzazu Ruiz, Ann Perelló / Duración: 81 minutos

FRAGILIDAD, TÚ TIENES NOMBRE DE…

“A la gente no le molesta la diferencia, lo que no soportan es verse a sí mismos en esa fragilidad”. ¿De cuerpo? ¿De mente? ¿De espíritu? La última película del español Jo Sol oscila de forma permanente entre estos aspectos a través de las experiencias de los  protagonistas y lo sugiere casi al inicio, cuando uno de ellos es subido de la cama por un dispositivo hasta la silla de ruedas y el otro baja por una escalera mecánica; una suerte de metáfora lúdica, que subraya las rebeliones externas e internas que deben transitar ambos hombres.

Antonio (interpretado por el activista social del Movimiento de Vida Independiente Antonio Centeno) encarna la lucha contra la mirada examinadora sobre el cuerpo y los esquemas de cómo debe ser y cómo debe gozar. Para ello, reclama que la asistencia sexual sea un derecho pago, un compromiso político para aquellos que no pueden obtener placer por sí mismos y ofrece su casa como lugar de consumación, frente a los reproches de quienes lo cuidan. Como bien remarca en varios momentos de Vivir y otras ficciones, se trata de una revolución “desde los cuerpos, para los cuerpos y en los cuerpos”.

Pepe representa el combate con los fantasmas internos vinculados a las prácticas sociales y culturales de la memoria colectiva, cuyos dos ejes fuertes son la familia y la música. El primero responde al mandato social, lo que debe ser: la imagen sobre la familia que vio en un libro de pequeño, donde el padre se sentaba en un sillón, estaban los niños, la mascota y la madre en la cocina. “¿Quién fue el hijo de puta que puso esa foto como ejemplo de normalidad, de felicidad?”, se pregunta a sí mismo mientras observa a su hijo Marcos, quien se aleja del padre para no herirlo. El segundo contiene una carga emocional intensa porque funciona como dicotomía: si bien se trata de una actividad liberadora y pasional, también es aquello que le hace recordar a Pepe su vida compleja y solitaria. Esta constante interrelación entre el mundo imaginario y el mundo real se evidencia, sobre todo, en las charlas con el grupo de flamenco y su imposibilidad de cantar en público.

Una de las reflexiones más fuertes de Vivir y otras ficciones es el monólogo de Pepe casi al final, que sintetiza las prisiones exhibidas durante todo el metraje: “Me he dado cuenta de que el Estado, las instituciones pueden decidir muchas cosas sobre la vida de la gente, la vida que no le pertenece. Pueden meterte en prisión, encerrarte en un centro psiquiátrico, pueden quitarte totalmente la libertad pero lo que no te enseñan es a vivir ni a ser libre, es como el cocodrilo en el zoológico, no está muerto pero tampoco está vivo”.

La mirada, el juicio, lo establecido, el temor, lo que debe ser, la normalidad; todas las fragilidades que cada individuo enfrenta día a día para alejarse, un poco más, del cocodrilo del zoológico.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

 

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