Festival de Cartagena: Reseñas de cuatro filmes

Hablar de lo mejor y lo peor del Festival Internacional de Cine de Cartagena (FICCI), el más antiguo de Latinoamérica, no sería justo, sin haber visto una cantidad importante de películas, especialmente de sus secciones a concurso. Por ello siento la obligación cinéfila de hablar sobre lo más destacado que encontré en el evento.

Pude ver una serie de películas que, si bien variaban en sus argumentos, tenían en esencia una búsqueda por la sensibilidad humana y en algunos casos un enfoque especial en el género masculino.

Viejo Calavera, de Kiro Russo (Bolivia / Qatar – 2016)

La ganadora del Premio a la Mejor Película, no podría ser otra. Desde Bolivia, Kiro Russo nos regala su primer largometraje, una historia de ficción que sucede en una mina de la ciudad de Huanuni y que nos interna en la oscuridad, la pesadez, la borrachera y en la atemporalidad de un joven que pierde a su padre y su única opción es trabajar en la mina con su padrino.

La mina es un personaje más de este filme. Una historia contada trabajando sobre la oscuridad y el contraste, que deslumbra con escenas que parecen pinturas, logradas por el director de fotografía Pablo Paniagua. Además, la banda sonora y el montaje nos transportan a escenas del cine soviético y alemán, de la era industrial. Esto gracias, en parte, al trabajo de Kiro Russo en su triple rol de director, montajista y sonidista.

Me quedo con esta frase que dijo Kiro al final de la proyección: “La revolución del cine está en la forma”.  Siempre se debe recordar que se está haciendo cine y este debe crear su propio lenguaje.

X500, de Juan Andrés Arango (Canadá / Colombia / México – 2016)

¿Por qué ese nombre?, porque cuando abres el mapa y buscas el punto medio de las américas, te encuentras con un pueblito en Yucatán -México que se llama así. Juan Andrés Arango director colombiano, decide darle un nombre simbólico a su película que se desarrolla, justamente, en tres lugares de América: Colombia, México y Canadá.  Donde tres jóvenes viven historias de migración, en la que tienen que reinventarse. Aunque los personajes nunca se encuentran físicamente, sus historias sí, y revelan esa violencia que ignoramos a diario.

El Auge del humano, de Eduardo Williams (Argentina / Brasil / Portugal- 2016)

Esta es una película que cumple con todos los requisitos para competir en un festival y ya lo ha hecho en varios, eso tiene mucho de bueno y de malo. Lo bueno es su carácter estético e independiente y lo malo es que estos mismos elementos la alejan de un público más amplio y puede quedarse en el olvido. Eduardo Williams, director argentino, se la juega por una narración muy experimental en la que conecta tres historias en diferentes lugares del mundo: Argentina, Mozambique y Filipinas. Al igual que Juan Andrés Arango en X500, el director también se decide por personajes jóvenes, pero con otras búsquedas.

La historia se puede volver algo tediosa, quizá por el uso excesivo de cámara en mano, o por tratarse de un relato que se basa en pequeñas situaciones sin ninguna dirección clara. Hay que destacar las conversaciones espontáneas que se entablan entre los personajes. Además, las transiciones de un lugar a otro a través de aparatos tecnológicos, como por ejemplo un computador o celular. Esto evidencia que las nuevas tecnologías, no importa el lugar o las condiciones que haya, son la forma que los jóvenes priorizan para comunicarse e incluso relacionarse con la vida.

Amazona, de Clare Weiskopf  (Colombia – 2016) 

Ganadora del premio EGEDA en el Festival, es una película para llorar un poco o mucho dependiendo del grado de identificación que genere en el espectador. Clare Weiskopf,  directora e hija de la protagonista, nos narra junto a su esposo, Nicolas Van Hemelryck, la vida de Val, una mujer nómade y defensora de su libertad. Las siguientes palabras claves podrían resumir este documental: libertad, madre, sacrificio, y más libertad. El encuentro entre madre e hija genera conversaciones, recuerdos, reproches y el ensueño de una vida que, como lo dice su protagonista, “ya fue vivida y no se puede ir para atrás”.

Si tuvieran la posibilidad de ver estas películas en festivales o salas independientes de sus ciudades, no duden en entrar a verlas ya que encontrarán una experiencia renovada del cine.

Por Mónica Samudio Valencia
@MoikSamudio

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