Cuentos de la selva

Cuentos de la selva (Argentina / Uruguay – 2010)

Dirección: Liliana Romero y Norman Ruiz / Voces: Abel Pintos, Rubén Stella, Gabriel Rovito, Cristina Murta, Gilda Tesone y Eugenia Tobal / Guión: Jorge Maestro, Horacio Grinberg y Axel Nacer, inspirado en los cuentos de Horacio Quiroga / Dirección de animación 3D: Daniel Venditti / Duración: 85 minutos

Hay algo contradictorio y que molesta en Cuentos de la selva, nueva obra animada de la dupla Liliana Romero y Norman Ruiz, y que molesta mucho más en el contexto de una película que -valga la paradoja- no molesta: no es un film invasivo desde el marketing como ocurre con el cine de animación actual, no es prepotente, es bondadosa y hasta está hecha por causas nobles, como que los chicos aprendan a cuidar y proteger lo natural y, más aún, lo propio. Claro está, esto último es positivo si suspendemos el discurso crítico y dejamos pasar la bajada de línea y la manera poco sutil en que el mensaje está insertado en el guión. Pero hay otra cosa para rescatar: que sus autores hayan adaptado a Horacio Quiroga y, lejos de cualquier pose, esto sirva para apuntalar la necesidad de atesorar lo nuestro. Fundamentalmente nuestra cultura.

Aquello que molesta soberanamente en Cuentos de la selva es un mal del cine animado nacional de Patoruzito a la fecha: la mezcla de animación digital (que se utiliza en los personajes) con tradicional (que se utiliza para los fondos y paisajes) da por resultado un cambalache visual, escasamente satisfactorio y que atenta contra la plasticidad que debe tener el relato. Y, mucho peor, en este caso contradice flagrantemente lo discursivo del film. Si la película contrapone la naturaleza con lo humano, como la invasión de lo nuevo y la modernidad sobre valores que la naturaleza parece representar y mantener; entonces la presencia de lo digital corrompe soberanamente la placidez de cada plano del film.

En Cuentos de la selva vemos, entonces, cómo hermosos fondos en tono pastel se ven violentados por personajes digitales que pecan de artificiosos, por no hablar de una animación rudimentaria y que en tiempos de Pixar y Dreamworks no hace más que -lamentablemente- dar vergüenza. Y decimos esto no sin pesar, porque una película noble como esta se merece un mejor resultado. Que los chicos elijan ver Shrek y no Cuentos de la selva ya no nos habla de una intromisión del marketing, sino simple y sencillamente de diferencias que saltan a la vista. Lo digital en Cuentos de la selva afecta la narración, ralentiza cada instancia en la que aparecen los personajes y le resta movimiento a una película que, apelando a la aventura, es profundamente estática.

Creemos que es válido el debate, porque ya ha pasado en otras películas nacionales mejores en resultados como Boogie el aceitoso, por ejemplo, donde la convivencia de estéticas no se da plácidamente, sino por medio del choque. Decimos, un debate en el que se plantee que por correr detrás de lo que el mercado parece reclamar terminamos apostando a cambalaches como este. Uno que se sincere y reconozca que hoy por hoy no se cuenta con la tecnología o los autores adecuados como para hacer un cine digital de calidad. Y, claro está, que tome conciencia de que la animación tradicional es todavía posible y que una obra como la de Miyazaki se vale de las ideas por sobre la técnica. Mientras no tomemos conciencia de clase seguirá pasando esto con el cine animado argentino: películas feas, pobres y destinadas al olvido inmediato.

Mex Faliero 
redaccion@cineramaplus.com.ar

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