Crítica: Vox Lux (2018), de Brady Corbet

Vox Lux (Estados Unidos – 2018)
BAFICI 2019: Selección oficial, fuera de competencia

Dirección y Guion: Brady Corbet / Fotografía: Lol Crawley / Música: Sia / Intérpretes: Natalie Portman, Jude Law, Raffey Cassidy, Stacy Martin, Chris Banks, Daniel London, Natasha Strang, Susanna Guzman, Fred Hechinger / Duración: 115 minutos

Esta historia se instala en la construcción imaginaria de una estrella pop, de un tipo de diva millenial, cínica, torturada y ególatra. Este personaje que vemos a lo largo de su juventud es encarnado en su etapa adulta por la actriz Natalie Portman y este es uno de los posibles ganchos más evidentes de la propuesta de Corbet.

No dejo de lado el posible anzuelo de que está dirigida por Brady Corbet, joven cineasta que se hizo notar con su ópera prima hace unos años en el Festival de Venecia al presentar su filme La infancia de un líder (2015) un relato muy superior en su elaboración narrativa, tanto por sus referencias literarias, como por las cinematográficas a otros grandes narradores, como por ejemplo Michael Haneke, pero todo esto no parece brillar en la propuesta de presente, Vox Lux.

La historia de este filme comienza con una masacre estudiantil que tiene lugar en los Estados Unidos durante el año 2000, donde una de las víctimas heridas, pero sobre viviente, es la protagonista de este relato: la joven Celeste. Esta masacre no es la misma que la de Columbine (1999), pero remite a ella sin duda alguna por el espacio y el tipo de violencia que imprime.

A partir de quedar convaleciente y hospitalizada durante un largo período debido a una afección en la columna vertebral, luego de recibir un disparo, se genera allí, en habitación de hospital, un espacio de “creatividad”. Con un teclado hogareño y un simple cuaderno compone canciones para pasar su tiempo, pero, ¡oh sorpresa! entre todas sus canciones surge una que la convertirá en una compositora exitosa. Es una canción de unión y humanidad , y esta letra que la empuja a la popularidad es el primer paso hacia los escenarios que la verán convertirse en una estrella.

El filme se ocupa durante un largo tramo sobre su estadío infanto juvenil y sus primeros derroteros hacia la fama internacional. Lento, abúlico y poco profundo el modelo narrativo del filme extiende en dos horas una trama carente de sorpresas. Estructurada en capítulos que van del “Génesis” hacia el infinito, por lo que la estructura pretenciosa evidencia aún más la falta de riqueza del guion y de sus personajes.

Entrada la etapa de su adultez vemos una Natalie Portman que no luce lo más atractivo de su oficio, su histrionismo espástico y su excesiva actitud de diva en tamaño pequeño no favorecen a la seducción del personaje. La diva del canto se instala sobre una mirada insatisfecha y cínica acerca del mundo circundante. Sus reflexiones van desde el cliché mediático de una posible estrella actual a las sentencias donde la cantante valida que el público: “solo quiere vacío y novedad” , “y cada vez canto peores cosas pero que gustan”, y así se la pasa articulando en todo momento su mirada narcisista y cínica en versión barata.

Esta estrella inmadura y egocéntrica hasta la médula es el posible reflejo, mal trazado, de una cultura banal y primermundista que ha vaciado de sentido todo lo que la rodea.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

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