Crítica: Viejos (2021), de M. Night Shyamalan

Viejos (Estados Unidos – 2021)
Estrenada en cines.

Dirección: M. Night Shyamalan / Guion: M. Night Shyamalan, basado en la novela gráfica Sandcastle de Pierre-Oscar Lévy y Frederick Peeters / Producción: Marc Bienstock, Ashwin Rajan, M. Night Shyamalan / Música original: Trevor Gureckis / Fotografía: Mike Gioulakis / Montaje: Brett M. Reed / Intérpretes: Gael García Bernal, Vicky Krieps, Rufus Sewell, Alex Wolff, Thomasin McKenzie, Abbey Lee, Nikki Amuka-Bird, Eliza Scanlen, Embeth Davidtz / Duración: 108 minutos.

COMO ARENA ENTRE LOS DEDOS…

Siempre hay cierta expectativa ante una nueva película de Shyamalan porque, a pesar de tener una filmografía en algún punto despareja, nunca deja de aportar una mirada autoral. Una filmografía en donde la incomunicación y el trauma son conceptos que funcionan como dos de sus grandes tópicos; y a pesar de que Old está basada en la novela gráfica Sandcastle de Pierre Oscar Lévy y Frederik Peeters, no será la excepción.

Todo comienza cuando una familia tipo, matrimonio y dos hijos, aparentemente feliz, llega a una paradisiaca isla a disfrutar de sus vacaciones. Con el pronto correr del tiempo (concepto que será clave en la historia), nos damos cuento que la felicidad de esta familia no es tan plena. La mujer parece tener una enfermedad, además de discutir ambos su futura separación. Los niños son testigos de esta cotidianidad dolorosa, que varía en una sinfonía de gritos y peleas.

Más allá de estos momentos, se disfruta del sol y de las lujosas instalaciones que brinda el resort. Una mañana, en pleno desayuno, el encargado del hotel le sugiere a la familia realizar a una especie de tour a una playa secreta soñada, a la que muy pocos privilegiados tienen acceso. Es así que los cuatro, junto a otra familia que allí se hospeda, deciden disfrutar de este beneficio.

Atravesando unas oscuras cavidades rocosas, llegan a esta playa virgen, perfecta. Cuando se disponen a disfrutar del lugar, comienza el primero de los fatales incidentes que ocurrirán en esta especie de limbo, donde el tiempo tiene otra lógica. Encuentran el cadáver de una mujer desnuda, que proviene del mar. Y así seguirá un derrotero de situaciones muy difíciles de asimilar, podríamos decir surreales. Una pesadilla materializada.

En esta historia, Shyamalan hace un uso de la puesta en escena más que inteligente. Un tramo de arena y mar contiene a estos personajes que literalmente no tienen escapatoria; donde el primer plano funciona para reforzar su emocionalidad, así como el fuera del campo apunta a exasperar al espectador. Aquí no hay lugar para la catarsis, solo hay angustia, sentimiento que ayuda a identificarnos con este particular grupo.

Una cotidianidad que se ve alterada por la intromisión de un elemento fantástico, extraordinario, donde se acentúa el conflicto dramático; acompañado de un relato ambiguo e incierto para el espectador. El realizador indaga sobre la existencia humana, cuyos conflictos se relacionan con una interpretación de la realidad. Problemas que generalmente son resueltos por niños, dado que no han perdido la capacidad de asombro (hay una escena de los hermanos construyendo un castillo de arena en la playa que es clave).

En Old se crea una especie de mitología propia, en donde las personas se enfrentan con sus peores temores; donde hay un propósito de reflexión a partir de lo vincular, la incomunicación, el paso del tiempo… donde desde lo cinematográfico no hay concesiones: el humor negro no perdona, así como las pocas escenas de terror no se toman licencia con ningún personaje, por más injusto que parezca. Vale la pena hacer este viaje íntimo y lisérgico, en donde el paraíso transmuta en el mismo infierno.

Por María Paula Ríos
@_Live_in_Peace

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