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Crítica: Una mujer fantástica (2017), de Sebastián Lelio

Una mujer fantástica (Chile / España / Estados Unidos – 2017)

Dirección: Sebastián Lelio / Guion: Sebastián Lelio, Gonzalo Maza / Fotografía: Benjamín Echazarreta / Montaje: Soledad Salfate / Producción: Juan de Dios Larraín, Pablo Larraín, Rocío Jadue, Mariane Hartard, Ben von Dobeneck / Intérpretes: Daniela Vega, Francisco Reyes, Luis Gnecco, Aline Kuppenheim, Nicolas Saavedra / Duración: 104 minutos.

Una mujer fantástica es claramente otro retrato sobre los bordes que construyen el universo femenino y la identidad del “ser mujer” como un hecho activo, personal y social al mismo tiempo.

En Gloria (2015), Leilo eligió como frontera, como límite paradigmático la franja etaria del personaje central: Gloria es una mujer en toda la plenitud de su deseo pero con 60 años. Una edad que conlleva toda una connotación íntima, pero ante todo una fuerte mirada – sancionatoria- de la sociedad.

En Una mujer fantástica el director redobla la apuesta sobre la tensión moral que existe entre lo femenino y la carga social, esta vez juega a investigar lo femenino en términos de genitalidad frente a la identidad de género: o sea esta vez nuestra protagonista es una joven mujer transgénero. Marina está tan llena deseos de vivir la libertad del amor como aquella Gloria con sus 6 décadas y toda su vitalidad.

El argumento se centra en contarnos como Marina vive un romance intenso y estable con proyectos de pareja Su amado es Orlando, un hombre varias décadas mayor. Se aman, de eso no hay duda. Ni hay secretos de quién es cada uno y cómo viven su deseo. Pero luego de una noche de festejo por el cumpleaños de la joven de manera azarosa y trágica Orlando se descompone y muere apenas arriban a la clínica donde Marina lo lleva desesperada en su afán por salvarlo.

Lo interesante que se desarrolla en la trama a partir de este conflicto es que dada su condición transgénero Marina es desplazada como sujeto del duelo, por todos los que son parte del mundo de Orlando, incluso también para la sociedad y sus instituciones (médicos, policías, etc). Ella es observada como un ser perverso, indefinible en su condición sexual, sospechosa de haberle causado la muerte a su amado y, ante todo, indeseable de ser vista o aceptada como mujer.

Con pocas palabras más quiero destacar la emotividad narrativa que logra Lelio con las imágenes: los primeros planos y su sensible mirada, los reflejos de Marina en los espejos, su imagen multiplicada según los distintos puntos de vista desde donde se la mira a través de la lente y en toda la película. Porque la cámara no deja ni por un segundo en paz es a esta “mujer fantástica”.

Es esta película una de esas historias que hace homenaje a un cine Latinoamericano que no conoce de límites, ni fronteras.

Por Victoria Leven
@victorialeven

90%
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