Crítica: The Woman who Ran (2020), de Hong Sangsoo – MDPFF35

The Woman who Ran / Domangchin yeoja (Corea del Sur – 2020)
35 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Panorama Autores

Dirección, Guion, Montaje y Música: Hong Sangsoo / Fotografía: Kim Sumin / Intérpretes: Kim Minhee, Seo Younghwa, Song Seonmi, Kim Saebyuk, Lee Eunmi / Duración: 77 minutos.

The Woman who Ran  es un filme en apariencia muy simple y previsible. El relato tiene forma de tríptico en el que cada una de sus partes tienen similar duración y tensión. Una mujer, que lleva varios años de casada, se encuentra sola por primera vez debido a un viaje de negocios de su marido. Ese tiempo lo aprovecha para visitar viejas amigas. Cada encuentro corresponde a una parte del tríptico. Lo que parecen conversaciones completamente casuales esconden en sí algo muy profundo. Sin necesidad de tocar temas densos ni trascendentales, cada palabra denota y connota reflexiones sobre la vida y dejan traslucir conflictos implícitos. Este aspecto del film es muy motivador pues hay que leer entrelíneas, no debemos dejar que se nos escape nada.

Durante la visualización de la obra pensaba si todas las conversaciones que mantenemos, en especial con quienes no compartimos la cotidianeidad, no son igualmente significativas. ¿Cuánto podría decirse a partir de nuestros diálogos en apariencia más frugales? La puesta en escena es completamente coherente con estas ideas ya que cada secuencia está filmada con muy pocos planos, privilegiando la continuidad, con apenas algunos zoom que ni siquiera son usados como se utilizaría un primerísimo primer plano en un montaje mas ordinario, remarcando palabras o frases.

Algunos elementos se repiten en las secuencias cargando a la historia de significación. Sin embargo, las primeras dos parecerían ser casi un espejo mientras que la tercera suma nuevos elementos. Aquellas ocurren en viviendas, hay conflictos con los vecinos y las personas visitadas son amigas de la protagonista. El conflicto con el primer vecino, perdonen la digresión, demuestra cuán distintas son las formas posibles de manejar una disidencia; supongo que todos los espectadores latinos y, especialmente, argentinos quisimos saltar de nuestras butacas para meternos en la pantalla y “solucionar” todo a nuestra manera.

La última secuencia se diferencia de las otras por ocurrir en un espacio público, un café con cine y por sus protagonistas: una antigua amiga de la protagonista con la que, inferimos, no tenían contacto desde la juventud y su marido, primer hombre con el que la protagonista tiene contacto. También, aquí vemos por primera vez un conflicto que la atraviesa y la tiene de protagonista. El final pareciera ser un retorno a la calma a través del cine.

Tomar distancia es poder ver en perspectiva, de manera literal y figurada. La protagonista, al separarse físicamente de su marido por primera vez en años también parece ver las cosas de otra manera. De esa experiencia saldrá modificada, no sabemos cómo, pero no tenemos dudas de ello. Quizás esa distancia le permita pensarse nuevamente y pensar su relación -hay indicios de una actitud fuertemente celosa por parte de él. La cámara acompaña esta idea, siempre está distante, nunca ahoga a los personajes, los deja ser y nos permite verlos en conjunto y en sus ambientes. De esa manera apuesta por una captación respetuosa, en apariencia distante pero cercana en cuanto al significado y en cuanto a lo que devela de cada personaje. De tal forma, Hong Sang-soo nos permite contemplar sus criaturas y su cine en su totalidad, siendo esta película una muestra perfecta del camino que está recorriendo como director.

Por Martín Miguel Pereira

80%
  • Nuestro Puntaje
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