Crítica: Tango Suomi (2016), de Gabriela Aparici

Tango Suomi (Finlandia – 2016)

Dirección y Guion: Gabriela Aparici / Fotografía: Osvaldo Ponce / Edición: Julio Di Risio / Participan: Mika Kaurismäki, Pertti Mustonen, Elina Lajunen, Johanna Juhola, Violentango, MA Numminen, Tuomari Nurmio, Telle Virtanen y Milla Viljamaa  / Duración: 80 minutos.

INICIACIÓN HACIA LA NOSTALGIA LUMINOSA

“Los temas son muy diferentes -afirma la investigadora y semiológa Pirjo Kukkonen-. El tango finlandés habla del concepto de nostalgia, el regreso, el dolor por no volver a la vida de las personas. Recordamos los tiempos de suerte, de amor y se va en busca de esos momentos positivos que son cortos; el sudamericano es melancólico, más intenso y, quizás, más oscuro también”. Si bien, a simple vista, las relaciones entre Finlandia y Argentina parecerían distantes, tienen un lazo que las hermana: la pasión por el tango. ¿Cómo pensarlo desde sus singularidades? ¿O desde sus semejanzas? ¿De qué manera influye la cultura o, incluso, el clima?

El recorrido que propone Gabriela Aparici en su ópera prima como directora  (si bien ya tiene una trayectoria como productora de filmes tales como Las enfermeras de Evita, Soy Ringo, Koan y Nosotras que todavía estamos vivas) no sólo intenta responder a estas preguntas, sino que las aborda a través de una fuerte impronta visual: tonos cálidos, climas íntimos, el despliegue casi envolvente de la gente que baila, las interpretaciones de las bandas o el detenimiento en ciertos gestos y/o poses de los entrevistados que simulan fotos o postales actuales; un acercamiento que actúa de doble manera: por un lado, la cámara intenta captar la esencia con la mínima intervención posible; por otro, la directora se visibiliza a través de la voz en off y las reflexiones del inicio, el tenue reflejo de ella sobre el vidrio del bar o su aparición en cámara en una entrevista en Buenos Aires.

Además, en Tango Suomi, se diferencian dos grandes momentos: uno más ligado al conocimiento, al detalle y a la contextualización del tango finlandés desde dicho país, y otro más cercano al pasaje o encuentro cultural, cuyos pilares son Elina (directora teatral que viene a Argentina para aprender a bailar el tango nacional) y Pertti Mustonen, un bailarín finlandés. De hecho, cada uno adquiere cierto carácter de director cuando realiza una charla informal con músicos y se produce el registro de una entrevista dentro de otra.

El inicio y el final con la pareja bailando en la nieve cierran el círculo que no sólo despliega un universo desconocido y de posibles similitudes, sino que lo trata como un viaje de iniciación. Porque, después de todo, un marinero finlandés pudo venir a contagiar a los porteños su pequeña nostalgia luminosa.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

 

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