Crítica: T2: Trainspotting (2017), de Danny Boyle

T2: Trainspotting (Reino Unido – 2017)

Dirección: Danny Boyle / Guión: John Hodge, basado en la novela Porno, de Irvine Welsh / Fotografía: Anthony Dod Mantle / Edición: Jon Harris / IntérpretesEwan McGregor, Jonny Lee Miller, Ewen Bremner, Robert Carlyle, Anjela Nedyalkova, Shirley Henderson y Kelly Macdonald / Duración: 117 minutos.

ELECCIONES ACTUALIZADAS

“Elige la vida. Elige Facebook, Twitter, Instagram y ten la esperanza de que a alguien, en alguna parte, le importe. Elige buscar antiguas amantes y desear haberlo hecho todo diferente. Y elige ver cómo la historia se repite. Elige tu futuro. Elige reality shows, llamar putas a las mujeres, el porno vengativo. Elige un trabajo basura a dos horas de camino y lo mismo para tus hijos, pero peor. Alivia el dolor con una dosis desconocida, de una droga desconocida y después… respira hondo. Estás enganchado. Pues sigue enganchado. Pero engánchate a otra cosa. Elige a tus seres queridos. Elige futuro. Elige vida”.

El monólogo de culto de Mark Renton (Ewan McGregor) regresa actualizado y, si bien mantiene ciertos tintes anti sistema y anti mandatos sociales, evidencia un claro viraje generacional; una mixtura entre la experiencia y la nostalgia subrayadas por la repetición de “elige tu futuro”. Es que ambos conceptos atraviesan T2: Trainspotting  y modifican la promesa del antihéroe que ya no busca no elegir la vida, por el contrario, intenta pertenecer.

Esto no quiere decir que la secuela de Danny Boyle (basada en el libro Porno de Irvine Welsh) apele a la remembranza como fundamento central narrativo o de contexto, ni tampoco que todos los recursos visuales y/o técnicos estén sujetos al recuerdo o a repetir las innovaciones surgidas de la película de 1996. Sino que el acento está puesto en la exhibición de la adultez de este grupo peculiar que no puede desvincularse de la memoria, de los vicios, de ciertos espacios o acciones (sobre todo el robo del dinero) y, al mismo tiempo, debe actualizarse y reconfigurarse. Quizás por eso también, el director introduce breves fragmentos de ellos en la niñez, como otro punto de vista que sí puede romper con la añoranza o está libre de ello.

Además del monólogo, el filme está plagado de sitios específicos como la ida al campo, la calle donde fueron perseguidos o la habitación de Renton, que se resignifica como lugar de culto fílmico por su detenimiento temporal en esos 20 años y como reflejo de excesos y sanación desde los gritos del joven por las visiones de Tommy o del bebé muerto de Sick Boy (Jonny Lee Miller) hasta el momento aurático de poner el disco en la actualidad.

En T2: Trainspotting podría decirse que funcionan dos narradores diferentes: por un lado, Renton como el encargado de reunir a los cuatro tras su regreso a Edimburgo y en una suerte de purgación de su propia elección; por el otro, Spud (Ewen Bremmer) a través del registro escrito de las historias pasadas, como una forma de trasgredir las adicciones y de controlar su vida.

Si bien Boyle mantiene la estética de la anterior y le incorpora el uso de la tecnología, el pasaje del gran televisor y el video a la computadora y los celulares, respecto a la música se evidencia un tratamiento menor, sobre todo, si se tiene en cuenta que la primera película estaba inmersa dentro del brit-pop convertido en un estandarte generacional.

Los heroinómanos de los suburbios vuelven para elegir. ¿El futuro? ¿La vida? ¿Las drogas? ¿La prostitución? Simplemente otra cosa.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

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