Crítica: Se va a acabar (2021), de David Blaustein y Andrés Cedrón – 22 BAFICI

Se va a acabar, relatos de la resistencia de los trabajadores en dictadura (Argentina – 2021)
22 BAFICI: Noches especiales
Estreno: Jueves 25 de marzo de 2021 en el Cine Gaumont

Dirección: David Blaustein, Andrés Cedrón / Guion, Edición: Andrés Cedrón / Producción: Graciela Mazza / Fotografía: Leonardo Val, Augusto De Antoni / Sonido: Carlos Olmedo, Tomás Portías / Música: Lolo Micucci / Intérvienen: César Loza, Carlos Leguizamón, María Luisa Rodríguez, Ana María Putelli, Roberto Digón, Germán Valdiviezo / Duración: 115 minutos.

El documental Se va a acabar, relatos de la resistencia de los trabajadores en dictadura dirigido por David Blaustein (Cazadores de fantasmas, Botín de guerra y Fragmentos rebelados, entre otros) y Andrés Cedrón (La Caracas) recopila los testimonios de trabajadores que resistieron a través de la participación y de la lucha en conflictos sindicales contra la implementación de políticas de desmantelamiento de la industria, lo que más tarde provocaría la pérdida de 700.000 puestos de trabajo y el cierre de 50.000 pequeñas empresas por medio de la imposición del plan económico neoliberal de la pobreza planificada por el gobierno de facto de la última dictadura cívico militar.

El documental se abre con el relato de Carlos Hilario Leguizamón, un jubilado de 70 años que cobra la pensión mínima, y por eso debe trabajar sacando la mugre de los arroyos de zona norte. Ex delegado ceramista de la fábrica Cattaneo, se define pobre y peronista, dice, “somos pobres, somos peronistas”. Cuenta de niño en Santiago del Estero vio pasar el tren en el que iban Evita y el General Perón repartiendo juguetes al azar, tirándolos desde el tren a los niños que se encontraban apostados en la estación. A él le tocó una pelota, cuenta que jamás había visto una, tampoco conoció las zapatillas hasta la llegada de Perón. Integrante del cuerpo de delegados de la ex fábrica de mosaicos, pisos y revestimientos Cattaneo, Carlos cuenta la rivalidad que existía con los obreros de Lozadur, fábrica de porcelana, loza y vajilla en Villa Adelina, que al despedir a tres trabajadores el cuerpo de delegados organizó un paro para la reincorporación de los despedidos, objetivo que finalmente consiguieron. Lo duro, relata, era la lucha contra la burocracia sindical de aquel entonces, y recuerda con emoción la marcha de los trabajadores de la Ford por la panamericana al grito de “atención, atención, Rodrigo y López Rega van a ir al paredón…” en obvia referencia al Ministro de Economía de entonces, Celestino Rodrigo, y al que fuera secretario personal de Perón, perteneciente a la logia anticomunista Propaganda Due, y fundador de la organización Triple A, José López Rega.

Roberto Digón, Secretario General del Sindicato del Tabaco, trabajaba en la sección filtros de la marca de cigarrillos negros Particulares cuando por pintar con carbón sobre una pared la consigna Perón vuelve pasó tres meses en la cárcel.

Perteneciente al peronismo combativo, el de la CGT de los argentinos, rememora lo ocurrido en el año 1978 en la Asamblea de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) en Ginebra hacia donde viajó una delegación argentina conformada tanto empresarios como por delegados de trabajadores, y en la que Alberto Serrano, del Sindicato del Neumático, denunció la detención sin proceso de dirigentes y activistas sindicales por lo que fue detenido, aunque según la versión oficial, no habrían sido detenidos sino retenidos en el edificio de la diplomacia Argentina en aquella ciudad helvética durante un día por sus declaraciones.

Imágenes de archivo muestran a un risueño Martínez de Hoz oficiando a un mismo tiempo de anfitrión e intérprete de Kissinger que se encontraba de visita en la Argentina para ver el campeonato mundial de fútbol que se llevara a cabo en el año 1978. Kissinger declara risueño que nunca había visto tanta felicidad y unidad detrás del fútbol, imagen y discurso que contrasta obscenamente con otra imagen de archivo que se había convertido en algo de todos los días, hombres jóvenes arrodillados, acostados sobre el piso o de pie con los brazos extendidos contra la pared sometidos a frecuentes requisas por parte de las fuerzas militares.

María Luisa Rodríguez, delegada textil de Alpargatas, nos cuenta que entró en la fábrica a los veinte años, y que no sabía coser, ni tampoco tenía idea qué era ser delegada. Pero, entre 1946 y 1972 existió en Alpargatas una escuelita de capacitación sindical. Recuerda que gracias a esa capacitación se convirtió en delegada, y que años más tarde, ella y noventa compañeras organizaron un paro de brazos caídos para conseguir mejoras salariales. La intervención militar a la fábrica con soldados apostados en las puertas de entrada y el secuestro de trabajadoras, se llevaron a algunas de sus compañeras a los vestuarios y jamás las volvieron a ver, infundió terror entre el resto de las trabajadoras sobrevivientes. Alpargatas decidió cerrar sus puertas, indemnizar a sus trabajadores, para luego reabrir con un número reducido de nuevos contratados.

Germán Valdivieso, delegado de subterráneos, relata con emoción el “tucumanazo” una revuelta estudiantil librada a fuerza de hondas y gomeras para reclamar la apertura de un comedor universitario para todos que finalmente consiguieron que se abra. En aquellos tiempos cuenta que los delegados gremiales del subte solían reunirse en los túneles para coordinar trabajo de base, organizan un paro de la línea B en reclamo de mejoras salariales. Valdivieso es detenido saliendo de los vestuarios. Finalmente serán sus compañeros en paro los que le salvarán la vida.

Ana María Putelli, militante trotskista del Centro de Estudiantes de Económicas y empleada del BIR, fue además integrante del gremio de bancarios ya que formaba parte de la comisión de la mujer. Cuenta que se enteró por una operadora de la conversación telefónica entre Mariano Grondona y Martínez de Hoz en el que este último le anunciaba la inmediata intervención al BIR, y que Grondona le pedía el plazo de tres meses que habían acordado. Ana María recuerda que el Banco Central intervendría el BIR que se declaró en quiebra. Era una maniobra que dejaba en la calle a 1700 empleados. Finalmente vendieron las sucursales con los empleados adentro, y consiguieron además la total indemnización a los empleados. Ana consigue entrar a la planta operativa del Banco Nación. Y recuerda cómo los empleados del banco ante la presencia de soldados apostados en el lugar, resistieron por medio de golpecitos con monedas contra las máquinas de escribir, o de calcular, repitiendo, sector por sector, la misma rutina, viendo como los soldados se dirigían de un lugar a otro del banco para detectar de donde provenía el ruido. Con orgullo, Ana María asegura que había resistencia.

Este documental da a conocer por primera vez testimonios de sobrevivientes que combatieron desde sus puestos de trabajo y que lograron gracias a la resistencia y a la unidad en la lucha organizada la obtención de beneficios y reivindicaciones laborales. Si se tiene en cuenta que el 66% de los desaparecidos eran activistas, gremialistas y delegados sindicales resulta evidente que lo que se proponía el nuevo régimen cívico militar no era la lucha contra la subversión, casi inexistente para cuando dieron el golpe, sino que necesitaban implementar a la fuerza un plan económico neoliberal de desindustrialización, de especulación financiera, y pobreza planificada.

Por Gabriela Mársico
@GabrielaMarsico

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