Crítica: La leyenda del rey cangrejo (2021), de Matteo Zoppis y Alessio Rigo de Righi

La leyenda del rey cangrejo / Re Granchio (Italia / Francia / Argentina – 2021)
Estreno en cines
Quincena de los Realizadores (Cannes 2021): Selección oficial
Mar del Plata 2021: Competencia oficial

Dirección y Guion: Alessio Rigo de Righi, Matteo Zoppis / Producción: Tommaso Bertani, Ezequiel Borovinsky, Agustina Costa Varsi, Thomas Ordonneau / Música Original: Vittorio Giampietro / Fotografía: Simone D’Arcangelo / Montaje: Andrés P. Estrada / Intérpretes: Gabriele Silli, Maria Alexandra Lungu, Ercole Colnago, Bruno di Giovanni, Mariano Arce, Darío Levy / Duración: 105 minutos.

Revisitación de géneros, leyendas ancestrales, un cangrejo en medio de la tundra en Tierra del Fuego que conduce a un tesoro, una comunidad en la región de rural de Tuscia, Italia, un combo alentador que podría conducir al desastre y contrariamente se vive como una experiencia alentadora.

Esta fábula en forma de díptico es un dato estimulante, una especie de ovni en una serie de repeticiones contemporáneas. Una libertad infrecuente es la que evidencia esta película que se atreve a meter una ficción autónoma con sustrato oral, de esas que tanto gustan desde tiempos inmemoriales. Hay un personaje llamado Luciano en una pequeña comunidad italiana, un descarriado a fines del siglo XIX que se atreve a enfrentar al príncipe del lugar, pero que en un gesto de rebeldía no se da cuenta de que ha incendiado un castillo con alguien adentro. Para evitar la cárcel se va “al culo del mundo”, a Tierra del Fuego, y allí comenzará el otro relato, donde el protagonista intentará hallar un tesoro.

Lo interesante es la manera en que los directores (documentalistas) incorporan como parte estructural un sustrato oral y popular, y lo hacen poniendo como marco a los lugareños y las canciones que recorren el lugar. Uno de ellos dice que los hechos pueden ser narrados con cincuenta palabras, hasta que llegan otros y le agregan cien o ciento cincuenta, y entonces la verdad se diluye. Lo que vemos responde a ello. La base puede ser una anécdota real, pero lo que cuenta es el agregado, una amalgama de aventuras, luchas de clase, historias de amor, de poder, de ambición y de muerte, incluido un cangrejo que puede conducir a la fortuna.

Desde el principio se advierte una sabia conjugación entre una mirada exploratoria del espacio del pueblo italiano y una progresiva inserción de los elementos ficticios. Además, la impronta del western no tarda en asomar, aunque en clave despojada y asumiendo la posibilidad de recrear duelos desde un lugar donde la magia y la leyenda tienen cabida.

Las dos geografías recorridas por el mismo personaje no son ajenas a los delirios de poder y a las febriles búsquedas de la salvación a través del oro. Si el proyecto es fascinante, lo es también por la puesta en escena y por cómo aprovecha los escenarios naturales integrándolos a los personajes, no para reiterar poses o asegurar belleza donde existe originalmente, sino para buscar (acaso) imágenes descontaminadas, un gesto similar a ese aventurero que siempre ha hecho honor a la conquista de lo inútil, Werner Herzog.

Por Guillermo Colantonio
@guillermocolant

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