Crítica: Pienso en el final (2020), de Charlie Kaufman – Netflix

Pienso en el final / I´m thinking of ending things (Estados Unidos – 2020)
Estrenada en Netflix a nivel global.

Dirección: Charlie Kaufman / Guion: Charlie Kaufman, basado en la novela homónima de Iain Reid / Producción: Stefanie Azpiazu, Anthony Bregman, Charlie Kaufman, Robert Salerno / Música: Jay Wadley / Fotografía: Lukasz Zal / Montaje: Robert Frazen / Intérpretes: Jesse Plemons, Jessie Buckley, Toni Collette, David Thewlis, Hadley Robinson, Guy Boyd, Gus Birney, Oliver Platt, Abby Quinn, Colby Minifie / Duración: 134 minutos.

I´m thinking of ending things (2020) filme escrito, producido y dirigido por Charlie Kaufman (Synecdoche, New York, Anomalisa) se estrenó en la plataforma Netflix como Pienso en el final. La historia, que podría inscribirse dentro del género de terror psicológico, está basada en la novela homónima de la escritora canadiense Iain Reid publicada en 2016. Si bien el filme comienza con un recorrido por una carretera, el verdadero viaje se dará en un paisaje de una lógica de ensueño dentro de la mente de un enigmático protagonista.

En España se estrenó como Estoy pensando en dejarlo, título que pondría el foco en el plano sentimental, cuando lo más interesante del filme es su condición poliédrica, la superposición de capas y de tiempos, además de la multiplicidad de sentidos que la convierten en una obra única, fuera de toda clasificación, y muy difícil de abordar.

ESTOY PENSANDO EN DEJARLO

Una pareja de jóvenes, Lucy (Jessie Buckley) y Jake (Jesse Plemons) emprenden un viaje atravesando una Oklahoma nevada con el fin de visitar a los padres de Jake, Suzie y Dean (Toni Collette y David Thewlis) que quieren conocer a la novia de su hijo. En el camino Lucy se remontará lejos a través de monólogos interiores, lo que Kaufman toma de James Joyce, con su “stream of consciousness”, recitará poemas, pensará en terminar la relación de solo seis semanas con Jake, de ahí en parte el título del filme, y querrá volver a casa a terminar un artículo sobre física, ella es, entre otras cosas, una física cuántica.

Jake, para no quedar relegado, citará a William Wordsworth, León Tolstói y David Foster Wallace, mencionará incluso, comedias musicales, haciendo gala de su exquisito gusto literario y por la comedia musical. En vez de hablar sobre el tiempo, la comida, o las ganas de ir al baño, como lo haría una pareja común, ellos intercambian frases tales como “el tiempo nos atraviesa como un viento helado, mientras afuera en la ruta sigue nevando, y congelando los ánimos de los desangelados viajantes, dejando en claro la frágil condición humana y la fugacidad del tiempo al toparse con corderos congelados, y en una granja, cerdos que son comidos en vida por gusanos”.

Durante el trayecto Lucy, mientras viaja al lado de Jake, no dejará de pensar que está considerando la posibilidad de dejarlo. Jake es lindo, a su manera algo rústica, es culto, dulce, comprensivo, pero la descripción irá depreciándose al llegar a la escuela a la que Jake asistió en su infancia, cuando este quiera mostrarle su colegio y Lucy, por el frío, se niegue a bajar con él, hasta que se cansará de esperarlo dentro de la camioneta, y por fin decida ir a buscarlo. Dentro del colegio, Lucy se encontrará con el encargado del lugar interpretado por Guy Boyd. Buscando a Jake, ella tratará de dar una descripción al encargado para averiguar si lo ha visto pasar… “no me acuerdo cómo es físicamente, por qué habría de acordarme si no pasó nada. Es como si me pidiera que le describiera al mosquito que me picó hace cuarenta años”.

En la segunda parte del filme la pareja llegará a la granja de los padres de Jake, y una vez dentro de la casa, el ambiente comenzará a enrarecerse desde la extraña presencia del perro que sacude frenéticamente su pelambre mojada, hasta la entrada del sótano que tiene rasguños sobre la puerta. Los padres de Jake encarnan la pareja de anfitriones más espeluznante que uno podría querer encontrarse una noche de tormenta de nieve en medio de la nada. A partir de la cena la atmósfera se tornará francamente surrealista, ya que al igual que Lucy, durante una misma noche, veremos a los padres de Jake envejecer y rejuvenecer en un abrir y cerrar de ojos, y Lucy quedará totalmente desconcertada al descubrir una foto suya de niña, que en realidad no es otra cosa que una foto de Jake, y un poema que ella escribió de joven. Lucy ya no podrá hacer pie atrapada entre los entrecruzamientos y yuxtaposiciones entre el pasado el presente y el futuro…

Descubriremos que el nudo de la historia es en verdad el encargado del colegio. Cuando Lucy baja al sótano y descubre dentro de un lavarropas uniformes de encargado de limpieza, y que la pareja que conforman Jake y Lucy, tanto como la de sus padres, Suzie y Dean, son proyecciones conformados por recuerdos y memorias del pasado, de la juventud del encargado, que ya viejo y enfermo y a punto de morir vuelve a revivir, es decir, el encargado vuelve a darles vida y a ponerlos en funcionamiento como si fueran personajes de una obra de teatro que toman carnadura una vez que actúan dentro de una obra, pero que fuera de ella no tienen entidad ni realidad alguna.

Todo el filme no es más que un despliegue de tiempos o dimensiones paralelas o alternativas al tiempo real en el que se desenvuelve la historia entretejida de memorias y recuerdos de un tiempo ya ido pero recuperado por las rememoraciones del viejo. El encargado del colegio, que sufre de una enfermedad mental, es el que hace hablar y mover a los personajes, su rememoración es lo que les da vida dentro de su mente, algo similar a lo que ocurría en ¿Quieres ser John Malkovich? (Spike Jonze, 1999), o también en Synecdoche New York. Ya que Jake será una versión de sí mismo de joven, y Lucy, Louise o Ames, encarnará alguna que otra de sus novias que llevó a casa de sus padres para presentárselas.

Hay un momento que remite a Sinécdoque, Nueva York, en el que Lucy y Jake, en uno de los pasillos del colegio, se encuentran con sus doppelgänger, sus respectivos dobles, que comenzarán a bailar un pas de deux. Esta danza no es más que una alucinación del viejo encargado, en la que Jake, su versión más joven, y Lucy, su antigua novia, se enamoran, se comprometen y se casan. Luego la versión joven (Jake) y el encargado pelearán por el amor de Lucy. La lucha entre el encargado y Jake podrá verse como una lucha entre su verdadero yo, el actual, contra su otro yo más joven e imaginario.

Pienso en el final, no hace otra cosa que poner en primer plano cómo funciona nuestra mente, las proyecciones que hacemos de nuestras esperanzas y de nuestros sueños. Cómo nuestros deseos más secretos cobran vida y ganan autonomía, incluso muy a nuestro pesar. Tratándose de Kaufman, sabemos de antemano que lo imaginario se impondrá por sobre todo aquello que huela a animal, es decir, a materia y a tiempo presente, porque lo irreal y lo onírico será infinitamente más poderoso, más real o más verdadero que lo que conocemos y percibimos como real; eso que nunca llegará a tocarnos el alma, y que apenas si llega a rozarnos la carne.

Por Gabriela Mársico
@GabrielaMarsico

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