Crítica: Ni héroe ni traidor (2020), de Nicolás Savignone

Ni héroe ni traidor (Argentina – 2020)

Dirección: Nicolás Savignone / Guion: Nicolás Savignone, Pío Longo y Francisco Grassi / Produccion: Ariana Spenza, Nicolás Savignone / Fotografía: Federico Lastra / Montaje: María Astrauskas / Intérpretes: Juan Grandinetti, Inés Estevez, Rafael Spregelburd, Gastón Cocchiarale, Fabián Arenillas, Héctor Bidonde, Mara Bestelli / Duración: 75 minutos

En el nuevo filme de Nicolás Savignone asistimos a los prolegómenos de la guerra de Malvinas, que se le declaró a Gran Bretaña en 1982, desde la intimidad de una familia de clase media, y desde la vida misma de cuatro jóvenes adolescentes recién salidos de la colimba que serán convocados, con distinta suerte, a combatir en la guerra.

Matías (Juan Grandinetti) es el centro por el que giran como satélites los demás personajes, la madre, el padre, el abuelo y los amigos. Matías quiere ser músico, pasa sus ratos libres encerrado en la habitación tocando la guitarra y soñando con poder irse a España a estudiar música.

El director nos muestra desde dentro del hogar de una típica familia argentina cómo se comporta cada uno de sus miembros frente a una guerra impensada, insólita, en la que deberán ofrendar a sus hijos a fin de hacerle frente al enemigo más poderoso del mundo…

Si quieren venir que vengan…

Al principio la noticia preocupa a los padres y abuelo, y entusiasma a Matías. Pero poco a poco, a medida que la historia avance, ese entusiasmo inicial irá menguando hasta llevarlo a la disyuntiva de contemplar la idea de desertar en vez de presentarse ante el llamado. Lo mismo le ocurrirá a sus amigos, tanto, que uno de ellos, tomará esa drástica decisión con un desenlace imprevisto…

La desesperación va ganando terreno y se va apoderando de una madre que solo la ductilidad de Inés Estévez la hace convincente, tan cálida y protectora como la campera que le regala a su hijo. Spregelburd muestra su cara menos conocida, la de un padre de familia siempre contenido, preocupado por el futuro del hijo. Un hombre tan arrumbado en su frustración como el violín que guarda en el armario y que se lo arrebata a Matías cuando su hijo comienza a hacer vibrar las cuerdas, enojado consigo mismo por no haber cumplido sus sueños, sabremos que al menos el hijo quizás logre lo que él en su juventud no pudo concretar. Y un siempre efectivo Héctor Bidonde que hace de un abuelo que conoce la guerra, como combatiente de la Guerra Civil Española y por eso mismo dice que tanto la detesta.

Les presentaremos batalla…

Quizás la escena en la que van de caza y de campamento con el padre de uno de los chicos del grupo, casualmente, un miembro de las Fuerzas Armadas, sea un simulacro de rito de pasaje, durmiendo en una carpa, utilizando armas largas para cazar patos, para que los chicos vayan pensando en lo que vendrá, y vayan acostumbrándose a la idea de ir a la guerra…

Hay un par de indicios, no son más que unas breves y concisas líneas de diálogo que sugieren y dejan flotando el horror que vendrá pero que apenas alcanza a vislumbrarse en el relato del militar cuando habla del olor a carne quemada de un hombre y cuando recomienda apuntar siempre al enemigo…

Yo, argentino…

Es abrumadoramente reveladora de la más pura cepa argentina la escena en la que la mamá de Matías, habla con la esposa del militar a ver si puede lograr acomodar a Matías, del mismo modo en el que han acomodado a su propio hijo en un puesto administrativo para que no tenga que combatir en el frente. Cuando la mujer le dice que va a hablar con su marido, la mamá de Matías insiste y vuelve a pedir por los otros dos amigos, a lo que la otra responde, “pero es que alguien tiene que ir”.

Ese alguien tiene que ir estalla en la conciencia de todos nosotros porque habla de un tipo de comportamiento típicamente argentino, el borrarse, salirse del lugar y evadir la responsabilidad frente a cualquier situación de riesgo, como por ejemplo, en este caso, la guerra, ese sacarle el cuerpo a una situación que resulta ya de por sí insostenible. Nada menos que ir a luchar al campo de batalla, y poner nada más ni nada menos que todo lo que uno tiene, su propio cuerpo. Ese alguien tiene que ir se refiere siempre al otro, que vaya aquel, o este, pero porqué yo…

Ni héroe ni traidor

El filme tiende una línea desde aquellos primeros tiempos idílicos y de un creciente fanatismo en que el Ejército Argentino había tomado posesión de las Islas, pero aún no se imaginaba la magnitud de la guerra con la que se iba a enfrentar. Muchos jóvenes se preparaban para combatir estando dispuestos a dar su propia vida por la patria ilusionados con la idea vaga y abstracta de lo que para ellos era morir por la patria; mientras que otros, desde Buenos Aires, embriagados por un falso patriotismo alentaban la heroicidad que esos otros irían a encarnar, porque justamente siempre eran otros los que pondrían el cuerpo, arengando una aventura en la que nadie sabía a ciencia cierta en lo que iba a derivar.

Sin embargo, en la vida de Matías todo se precipita con su decisión final, que justamente nos lleva a preguntarnos una y otra vez, qué es lo que hace a uno un héroe y qué es lo que convierte a otro en traidor. Quizás no se trate ni de una cosa ni de otra, tanto la palabra héroe como traidor tienen una contundencia y un peso tan descomunales que será necesario buscar otras instancias intermedias menos categóricas y definitivas, pero mucho más reveladoras para comprender qué se hace o se puede hacer frente a la inminencia de una guerra.

Por Gabriela Mársico
@GabrielaMarsico

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