Crítica: Luca (2021), de Enrico Casarosa

Luca (Estados Unidos – 2021)
Estreno exclusivo a través de la Plataforma Disney+

Dirección: Enrico Casarosa / Guion: Jesse Andrews y Mike Jones, a partir de una historia de Enrico Casarosa, Jesse Andrews y Simon Stephenson / Producción: Andrea Warren / Música original: Dan Romer / Edición: David Juan Bianchi, Kim White / Montaje: Catherine Apple, Jason Hudak / Doblaje original: Jacob Tremblay, Jack Dylan Grazer, Emma Berman, Saverio Raimondo, Maya Rudolph / Duración: 95 minutos.

El filme de animación de Pixar Luca (2021), dirigido por Enrico Casarosa, podría considerarse como continuación de su magnífico cortometraje La luna (2011) nominados al Premio Oscar en el 2011. Aunque no alcance la poesía ni la belleza plástica del filme anterior, entretiene recreando la Riviera italiana de los años 50, en donde dos niños anfibios, son en realidad criaturas marinas, forjan una amistad incondicional ante las burlas y ataques de los monstruos terrestres, los seres humanos, sólo por ser diferentes. Un filme dentro del género coming of age, en donde se plantea la política de la diferencia, y la intolerancia frente a la diversidad…

COMO PEZ EN EL AGUA

Luca es un niño sirena, una especie de anfibio cuyo elemento natural es el agua de mar. Sin embargo, descubre accidentalmente que puede salir del agua y convertirse en una criatura terrestre sin que su condición anfibia sea detectada por los monstruos terrestres, así es como las criaturas marinas llaman a los seres humanos a los que consideran asesinos y malvados, ya que han sido testigos de cruentos ataques con arpones a los de su especie. Por eso, al salir a la superficie, Luca deberá evitar el contacto con el agua, su medio natural, para que no quede revelada así su verdadera naturaleza marina.

Luca es una especie de pastor que conduce a un rebaño de peces en procura de alimento, y que vive con su familia debajo de la superficie marina. Y es allí mismo, en el fondo del mar, donde encuentra por azar objetos arrojados por las criaturas terrestres que despertarán su curiosidad. Un reloj despertador, un vaso, un fonógrafo, o un naipe, una sota de copas, nada menos que un paje quizás como anuncio premonitorio de su antagonista, Ercole Visconti, un acosador de poca monta.

Estos objetos y la presencia latente y acechante de los monstruos terrestres navegando vistos desde el fondo del mar despertarán la curiosidad y el deseo por salir a la superficie y conocer la tierra. Es en el fondo del mar donde conocerá a Alberto, un chatarrero de objetos arrojados al agua que recogerá para, entre otras cosas, armar su Vespa. Junto a Alberto descubrirá su condición anfibia, y la posibilidad de transformarse en una criatura terrestre. Luca y Alberto saltarán al menos tres veces por un acantilado para poner a prueba la resistencia más que la indestructibilidad de la Vespa.

Sus padres, al enterarse de que Luca se ha escapado, es decir, que ha salido del agua para dar un paseíto por la tierra, decidirán enviarlo con el tío transparente que vive mucho más abajo, en el fondo del mar, allí donde no hay luz y siempre es de noche. Ante la posibilidad de que sus padres sobreprotectores decidan mandarlo a vivir con el tío, Luca, con la ayuda de Alberto, decide aventurarse a tierra firme dejando la seguridad acuática de su hogar. Otros, la llamaran zona de confort.

En el pueblo de Portorroso, homenaje al filme de animación Porco Rosso (1992) del maestro Hayao Miyazaki, conocen a Giulia, una pelirroja marimacho, la única del grupo a la que Ercole, el villano, no puede intimidar. Giulia recorre las calles de piedra yendo de un lado a otro al volante de un carro repartiendo pescado. Vive con su padre Massimo, un pescador con una gran cuchilla con la que corta, para horror de los niños, las cabezas de sus propios congéneres, los pescados.

Los tres niños, Alberto, Luca y Giulia, son apodados por los acosadores, underdogs, es decir, perdedores natos, o los que llevan todas las de perder. Sin embargo, ante tanto desaliento no se darán por vencidos y los tres conformarán un equipo para competir en un triatlón: carrera en bicicleta, recorrido de un trecho a nado, para terminar la competencia comiendo un plato de pasta.  La copa de Portorroso podría ofrecerle al ganador mucho dinero, el suficiente como para comprarse una motocicleta Vespa, lo que equivaldría a un viaje sin escalas a la libertad.

El inconveniente es que durante los últimos cinco años el villano Ercole Visconti, resultó único ganador del campeonato. Ercole, el prototípico villano de baja estofa, no quiere dar el brazo a torcer, y competirá una vez más, aunque ya sea muy grande para hacerlo. Por eso mismo, se ensaña hasta límites insospechados con Alberto y sobre todo con Luca que, al no responder a sus provocaciones, se envalentona aún más, y recrudecen los insultos, las humillaciones y denigraciones varias, cada vez que se los encuentra en la calle con el fin de hacerlos desistir.

COMO PEZ FUERA DEL AGUA

Luca, entre otras cosas, arroja luz sobre la diferencia y la intolerancia frente a diversidades varias. Los monstruos marinos tanto como los terrestres sienten unos por otros la misma repulsión y el mismo temor con igual intensidad. En un momento, Alberto increpa a Luca advirtiéndole sobre lo que pasará cuando Giulia lo vea y descubra qué es o quién es Luca en realidad, un monstruo marino, bajo la apariencia humana. Y, por otro lado, pone al descubierto la tiranía de los adultos al querer imponer su voluntad, inculcarles a los niños un único modo de ser, de vivir y de pensar, por encima de lo que realmente ellos quieren, piensan o sienten.

En el bello cortometraje La luna, el director Enrico Casarosa nos mostraba una faceta del mismo tema. Cómo se transmiten los saberes, las costumbres, y hasta cómo se pasa de una generación a otra la profesión. En ese cortometraje, los encargados de limpieza de la luna, tres generaciones de una misma familia, niño, padre, abuelo, se dedican al barrido de los restos de estrellas que caen sobre la luna para modificar sus fases y hacerla menguar.

Salen de noche en bote, usan una escalera para llegar hasta la luna, y un ancla para estacionarse sobre la superficie lunar. Luego hacen su trabajo, barriendo restos de estrellas caídas. Sin embargo, algo impensado los sorprende. Una estrella tan gigante como resplandeciente cae sobre la superficie lunar, pero cae entera sin romperse, y tanto el padre como el abuelo comienzan a discutir sobre el modo de romperla y hacerla pedazos para luego barrerla. Es el niño el que encontrará un modo original, creativo y casi instantáneo para reducirla a pedazos.

Si en La luna, el niño les muestra a sus mayores un método nuevo de trabajo, o de cómo enfrentar un hecho inesperado, dándonos a entender que las profesiones, y los modos de practicarlas a través del tiempo se van modificando¬; en Luca, los dos niños serán los que encuentren el modo de cumplir sus sueños, adaptándose al nuevo entorno, sin la presión ni la interferencia de los adultos que sólo intentan someterlos a sus propios designios.

Por Gabriela Mársico
@GabrielaMarsico

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