Crítica: Le nouveau (2016), de Rudi Rosenberg

Le nouveau (Francia – 2016)

Dirección: Rudi Rosenberg / Guion: Igor Gotesman, Bruno Muschio, Rudi Rosenberg / Fotografía: Nicolas Loir / Edición: Julie Lena / Música: Jonathan Morali / Intérpretes: Réphaël Ghrenassia, Joshua Raccah, Géraldine Martineau, Guillaume Cloud-Roussel, Johanna Lindstedt, Max Boublil / Duración: 81 minutos

¿A X S? (AMIGOS POR SIEMPRE)

Nueva ciudad. Nueva escuela. ¿Nuevos amigos? Bueno, sin poseer el carisma de su hermano menor, Benoit lo intenta: lleva chocolates al colegio, invita a los chicos populares a su casa, se ríe de sus chistes inexistentes, busca su compañía. Pero ellos, sobre todo uno con una risa insoportablemente burlona, no están interesados más que en reírse de él.

Frente a este panorama desalentador y hostil, Benoit, por casualidad, se junta en un trabajo práctico con Johanna, una chica sueca también nueva e ignorada. En ese momento, se podría pensar que sus problemas se acabarán: nueva amiga y primer amor. Sin embargo, Johanna se aleja de él cuando “conoce mejor” a los populares. Benoit, más solitario que nunca, decide armar una fiesta para restablecer el vínculo con Johanna y ganar la aprobación de su clase.

Tanto las situaciones como los personajes de Le Nouveau están trabajados en capas. Es decir no hay una determinación fija o un criterio acabado sino una constante revelación de matices, sutilezas o gestos que construyen complejidades y variaciones. La fiesta, por ejemplo, si bien marca un quiebre, no delimita de forma tajante los comportamientos posteriores de los personajes; más bien los moldea, oculta, habilita otros intercambios o réplicas.

El director Rudi Rosenberg también le imprime un valor especial a los objetos: las figuritas de Barbie del cuarto de Benoit, aún en período de mudanza, el disco que le regala Johanna, los chocolates, la afición a las listas, entre otros, que completan a los personajes y funcionan como puntos de fuga, de liberación. Por ejemplo, las calcomanías en la habitación del protagonista actúan como ruptura a su intención de pertenencia al grupo de los populares, luego de las reiteradas burlas en la escuela.

De esta forma, el trabajo minucioso, por recortes y capas se articula, discute y dialoga tanto en el colegio como en las casas de los chicos haciendo del mundo pre-adolescente, un micro-universo con sus propias reglas, estereotipos y mutaciones, al que vale la pena experimentar para descubrirse a uno mismo y al otro.

Por Brenda Caletti
@ 117Brenn

 

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