Crítica: La música de mi vida (2019), de Gurinder Chadha

La música de mi vida (Reino Unido / Estados Unidos – 2019)

Dirección: Gurinder Chadha / Guion: Paul Mayeda Berges, Gurinder Chadha, Sarfraz Manzoor, inspirado en la obra artística de Bruce Springsteen / Producción: Jane Barclay, Gurinder Chadha, Jamal Daniel / Música original: A.R. Rahman / Fotografía: Ben Smithard / Montaje: Justin Krish / Intérpretes: Viveik Kalra, Meera Ganatra, Kulvinder Ghir, Nikita Mehta, Aaron Phagura, Tara Divina, Dean-Charles Chapman, Hayley Atwell / Duración: 118 minutos.

Son pocos los instantes en la vida capaces de caber en el mote de “epifanía” y el cine –o cierto cine que apuesta a las emociones maximizadas- suele encargarse de recogerlos. Las películas de iniciación son fórmulas efectivas a la hora de mostrar la metamorfosis interna de jóvenes confundidos, muchas veces, marginados de una sociedad (sea familia, colegio o amigos) que no la comprende. En este panorama pantanoso la aparición de un ídolo es un momento indescriptible, iluminador y bisagra en la vida de uno. Así lo fue para el periodista Sarfraz Manzoor, quien en su adolescencia encontró en la poesía de Bruce Springsteen el impulso para combatir la asfixia que le propiciaba ser descendiente de una familia pakistaní en un suburbio londinense durante la década de los ochenta, tiempos en los que la ultraderecha británica circulaba en las calles para exigir la expulsión de los extranjeros. A partir de esta historia de vida guionada por él mismo, la directora Gurinder Chadha transpola esos hechos a Javed (Viveik Kalra), creando un personaje retraído, tímido, solitario, casi sin vida social que le calza perfecto al género pero que resulta demasiado inocente, poco punk para la era thatcheriana en la que se encuentra.

Sing Street (2016) es un filme que, de algún modo, guarda relación con la película al ubicarse en 1985 y presentar un caso similar de coming-age – atemporal y rockera donde Conor, un adolescente irlandés de clase trabajadora debe enfrentarse a la desintegración familiar y al conservadurismo católico escolar mientras encuentra refugio en la música y el descubrimiento a través de la formación de una banda de que él mismo puede ser también una fuerza expresiva. El protagonista de Blinded by the Light en cambio carece de esa profundidad emocional y melancólica, o si la tiene se ve bruscamente opacada por la llegada del música de New Jersey a su vida. Luego de escuchar los cassettes de Darkness on the Edge of Town (1978) y Born in the U.S.A. (1984), Javed se convierte en una especie de médium que actúa en base a las letras del artista estadounidense, letras impresas en la pantalla que literalmente giran alrededor de su cabeza. Antes de ese instante revelador resaltado por el ingreso -y de aquí en adelante el injerto- del musical en la trama, la escritura era el único espacio donde drenaba sus inquietudes y cuestionamientos al fundamentalismo cultural de su familia, en especial, donde volcaba palabras sobre su crispada relación con su padre Malik (Kulvinder Ghir). Una vez que se hace la luz Javed queda enceguecido y lo que era una expresión solitaria sobre el papel, a partir de ahora, gracias a las melodías de Springsteen, se materializan dándole la potencia necesaria para quebrantar los mandamientos paternales, encontrar su vocación como periodista y hacerse del coraje para invitar a salir a la chica que le gusta. De aquí en adelante continúan todos los clichés que el género exige, inclusive la moraleja final del protagonista frente al auditorio de la escuela. Elemento práctico y necesario para resolver y cerrar todos los problemas que a la película casi se le escapan.

Por Felix De Cunto
@felix_decunto

 

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