Crítica: La lección de anatomía (2019), de Agustín Kazah y Pablo Arévalo

La lección de anatomía (Argentina – 2019)

Dirección: Agustín Kazah, Pablo Arévalo / Guion: Paula Magnani / Producción: Lucila Presa, Paula Magnani / Dirección de Fotografía: Martín Larrea / Sonido: Mariana Delgado / Montaje: Nubia Campos Vieira / Música: Martín Sciaccaluga / Duración: 87 minutos.

ENCARNAR LA ENSEÑANZA

¿Es posible que una crítica artístico-social se mantenga vigente durante más de 45 años? ¿En dónde radica su permanente actualización? ¿Cuál es el secreto de la mirada y rebeldía? ¿Cómo actúa la puesta en escena? ¿Y el pacto tácito con el espectador? ¿De qué forma influye la minuciosidad de los gestos, las voces, los movimientos y los cuerpos – en resistencia y desgaste– en la experiencia total? Porque a Carlos no le daba lo mismo que los actores patearan para atrás o con las rodillas arriba. Tampoco le pasaba desapercibido el siseo o el acento de un joven cordobés. Por el contrario, la primera prueba de la convocatoria para elegir un nuevo elenco y reestrenar La lección de anatomía en teatro resulta detallista, larga y agotadora; el puntapié de lo que él y Antonio concebían como un despojamiento completo donde cada uno dejaba de lado el nombre, la familia, la ropa y las obligaciones para encarnar diálogos sin sentido, esquemas rígidos, falta de libertad hasta quitarse toda clase de peso –incluso la vestimenta– y exponerse de la manera más visceral posible.

La cámara de Pablo Arévalo y Agustín Kazah procura imitar dicha búsqueda desde lo cinematográfico a través de un registro casi inadvertido pero riguroso donde evidencia, por ejemplo, los enojos repentinos de Carlos Mathus, los footing, el interior del teatro, las dudas de los seleccionados respecto a los tonos, el vestuario, los problemas de luz, el fallecimiento de Mathus durante la filmación, los directores interinos, entre otros. Una perspectiva sostenida por lo cotidiano, la observación, el ensayo, lo actual y el doble homenaje. Si bien retoma la esencia de lo que fue en 1972 con un breve video, el trabajo corporal de los actores que pasaron por la obra y la urgencia de un reestreno similar 45 años después, el documental –así como las palabras del creador de la obra– se sitúan en el presente, en la actualidad temática, en cómo el primer eslabón social, es decir, la familia conserva cimientos inflexibles, culposos e insatisfactorios. Incluso, los directores no utilizan testimonios de quienes participaron durante los 36 años ininterrumpidos en cartelera con la excepción de Antonio y de quienes lo ayudaron después del difícil momento, sino que se valen de las miradas de los nuevos elegidos que proponen tonos, sensaciones y cierta sintonía con los diálogos. También se percibe, por ejemplo, en la joven que les comenta que el padre formó parte años atrás y ahora es ella la que quiere actuar allí, la breve irrupción tras la muerte del director o el actor que se fue por problemas con el grupo de WhatsApp.

En consecuencia, La lección de anatomía fílmica se trasforma, por un lado, en un detrás de bambalinas que da cuenta de todo el proceso creativo, para afinar toda clase de detalles que realzan la potencia de cada personaje , de puesta de cuerpo y voz y de ocupación del escenario con las marcaciones en cinta para cada momento que, en muchos casos, desdibuja los límites entre lenguajes poniendo en juego una hibridación entre, por ejemplo, el aquí y ahora del teatro y del relato con ese tiempo pasado y manipulado del registro o la repetición de los ensayos que muestran los cambios y las escenas únicas de la película donde se cortan equivocaciones o tomas que no logran la rigurosidad suficiente. Por otro, complementa el discurso de la obra teatral gracias a los comentarios de su director, de quienes trabajaron para su relanzamiento, a la mostración de sus actitudes, sentimientos y acciones diarias y al significado del propio espacio como tal. Como señala Mathus, “se me ocurrió hacer una lección que, al igual que el cuadro, enseñe el interior de las personas, no lo que queremos parecer, sino lo que somos”.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

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