Crítica: Foto Estudio Luisita (2018), de Sol Miraglia y Hugo Manso

Foto Estudio Luisita (Argentina – 2018)
20 BAFICI: Competencia Argentina – Premiere mundial

Dirección: Sol Miraglia y Hugo Manso / Guión: Hugo Manso / Director de fotografía: Sol Miraglia / Sonido: Hugo Manso / Edición: Celeste Contratti / Música: Guillermo Guareschi / Producción: Mercedes Arias, Santiago Ligier / Intervienen: Luisa Escarria, Graciela Escarria, Rosa Escarria / Duración: 72 minutos.

EL BRILLO DE OTRORA

Foto Estudio Luisita expone su tesis inmediatamente, sin vueltas, como un boxeador que sale a matar de entrada y el rival conoce primero su puño antes que su cara. Así nosotros, los espectadores, comprendemos, a partir de unos planos de archivo de una Avenida Corrientes esplendorosa, radiante de glamour y su contraste con la mítica avenida en el presente, que estamos frente a una película en la cual “todo tiempo pasado fue mejor”. No es por eso, necesariamente, un documental conservador sino que es ni más ni menos que la adopción del punto de vista de su protagonista.

Pero además la focalización desde Luisita está atravesada por la mirada de la directora, presente, pregnante. Su voz en off nos acompaña todo el metraje, su imagen frente a cámara explica y justifica la motivación de realizar esta obra. También nos permite entender su fascinación por ese personaje. Sol Miraglia es fotógrafa, como Luisita, también es mujer en un mundo de hombres (que lo sigue siendo más allá del paso del tiempo). La nostalgia de Luisita es también la de la directora, que no llegó a conocer el brillo del teatro de revistas en su mejor momento, en donde las estrellas eran inalcanzables, cuando todo relucía. Sin embargo, como dijimos, no es un documental conservador y eso se juega en la forma. Sin ser necesariamente vanguardista, sí tiene una utilización muy moderna, aprovechando la tecnología actual, de la imagen de archivo, muy creativo y a la vez simbólico. Ese es claramente uno de los grandes logros de la película, en contraste con tanto documental donde las fotos pasan como en un video de cumpleaños de 15.

El montaje no se evidencia cronológico sino más bien temático aunque hay dos hechos que estructuran la narración: la muestra fotográfica que se va a hacer de Luisita y sus cumpleaños. Más que conservador, es un documental sobre la conservación. Hay una urgencia latente por homenajear en vida a la fotógrafa colombiana y también porque no se pierda su obra, que estaba casi sumida en el olvido. Esa lucha siempre desigual contra el tiempo que todo destruye al fin de cuentas es representada por la calle Corrientes y el teatro Maipo al comienzo del filme. Ambos símbolos de Buenos Aires trocan en alegoría y metáfora. Si no se pudo conservar el esplendor de otrora, por lo menos hay que atesorar los documentos que la mostraban así, luchando contra el olvido de los que lo vivieron. También  es una forma de mostrarles a las nuevas generaciones que no llegaron a conocer el mar de gente de la peatonal Lavalle los días de cine y el resplandor de los teatros del centro.

El documental, desde el inicio, alcanza momentos de profunda emoción gracias a que rápidamente empatizamos con las tres hermanas colombianas que llegaron a la Argentina en busca de un sueño, que fueron encontrando un poco azarosa y rápidamente. La ternura que generan en su cotidianidad mundana se conjuga con una gran destreza artística y una postura simple pero a la vez profunda en cuanto a lo que tiene que ser el arte. Luisita busca la belleza, a veces escondida, de la gente. De la misma forma, la directora busca (y encuentra) la belleza de ese personaje que nos enamora más aún por sus gestos y sus palabras que por su arte, sin dudas excelso. Foto Estudio Luisita es como su protagonista: simple, tierna y con una enorme pericia disimulada casi por pudor pero que se hace evidente una vez que lo observamos con atención.

Por Martín Miguel Pereira

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