Crítica: Fake Famous (2021), de Nick Bilton

Fake Famous (Estados Unidos – 2021)
Disponible a través de HBO GO

Dirección y Guion: Nick Bilton / Producción: Nick Bilton, Mary Recine, Annabelle Dunne / Música Original: Michael Abels / Fotografía: Barney Broomfield / Montaje: Tom Maroney / Intervienen: Christopher Bailey, Justine Bateman, Osiris Bashir, Shannon Dee, Dominique Druckman, Liz Eswein, Sarah Frier, Wylie Heiner, Carla Emilian Olivas / Duración: 87 minutos / Producción original de HBOMax.

F DE FABRICADO

Como si se tratara de un elixir, la pared rosa perteneciente a la tienda Paul Smith en Los Ángeles atrae a millones de turistas alrededor del mundo; personas ansiosas por conseguir su foto con el fondo color chicle que causa revuelo en Instagram. Una parada obligatoria que irradia dos claves de lectura. Por un lado, el establecimiento de cierto lazo invisible del ‘estuve ahí’ compartido por todos los que exponen la experiencia; por otro, la urgencia de pertenecer a esa comunidad. Entonces, no resulta inocente esta elección como disparador y metáfora de Fake famous ya que encarna la gran paradoja de la propuesta: demostrar que la fama puede ser fabricada y que su poder radica en un permanente trabajo de autogestión. Un torbellino que promete felicidad, aventura, privilegios, adoración e innumerables regalos a costa de mantener la fachada bajo múltiples capas de glitter.

El experimento social de Nick Bilton comienza con la convocatoria ‘¿Querés ser famoso?’ a la que asistieron más de cuatro mil personas. Luego de numerosas entrevistas y cástines, el periodista junto a un equipo de especialistas, selecciona a Dominique Druckman, Chris Bailey y Wylie Heiner –todos con pocos seguidores– para convertirlos en influencers. Sesiones de fotos espectaculares –en una de ellas los interrumpe la llamada del jefe de Wylie–, compra de bots, falsos likes y engagements, el registro de la vida personal versus las repercusiones en las cuentas y hasta un troll intimidante por inbox generan una atmósfera de construcción y derrumbe constantes que los conduce hacia respuestas impensadas al comienzo. Como el realizador comenta, el plan consistía en que los jóvenes se contactaran con las grandes empresas para logar algún canje y no al revés como le sucedió a Dominique.

Ese es el gran logro del documental. Mostrar sin tapujos las artimañas para convertir una tabla de inodoro en una ventanilla de avión o una pileta infantil cubierta de pétalos en una visita al spa favorito; trucos y recortes enmascarados para transformarse en contenido orgánico y seductor. Ya no quedan dudas de los exhaustivos procesos de pre y post-producción que conllevan las redes sociales: pensar poses, investigar posibles escenarios, impulsar objetos, adelantar eventos, volverse tendencia, recibir interacción, buscar contactos… todo en un combo perfecto de tiempo y visibilidad. No sólo mediante una estética cuidada y un ojo inteligente a la hora de concebir las diversas puestas en escena, sino también con el soporte de micro-relatos en vivo, anécdotas en publicaciones, videos o alguna frase característica que potencien la fantasía. Crear una historia y amalgamarse con ella hasta el punto de cautivar seguidores, me gusta, comentarios, vistas y reproducciones.

Si bien el proyecto se basa en el seguimiento de los tres participantes, además de nutrirse de los testimonios de profesionales que trabajan con influencers, los vínculos entre éstos y la publicidad o los negocios multimillonarios por la compra de falsos seguidores –y, por ende, los escasos controles en las plataformas–, hay un aspecto crucial que pasa por alto: los obsoletos parámetros de belleza. ¿Por qué hoy siguen rigiendo preceptos tan rigurosos para catalogar lo bello? ¿Por qué un cuerpo debe ser clasificado? El titubeo de Wylie antes de quitarse la bata y lucir una malla apunta en esa dirección, así como sus declaraciones sobre la dura competencia y el cambio físico después de mudarse a Los Ángeles. Pero el planteo se diluye sin más. Hacia el final, él asegura haber recuperado la confianza por el nuevo trabajo y se anima a un desnudo de espaldas. Sin embargo, ¿qué sucede con aquellos que están incómodos consigo mismos y se esconden por miedo a ser señalados o heridos? ¿Cómo repercute la sensación de ser ignorado en las redes por no encajar con los modelos instituidos? ¿Se puede traducir esa inseguridad en un potencial influencer? ¿Cuál es el rol del montaje en esos cuerpos muchas veces imposibles?

Según el planteo, el experimento social hubiera sido un terreno fértil para visibilizar una de las grandes problemáticas en auge que afianza la inseguridad, el miedo, la falta de autoestima y la depresión y, quizás, desarmar alguno de los fundamentos que la mantienen estable. Centrado en los progresos de Dominique y un tanto desconcertado ante el orgullo de Chris, Bilton descuida los temores de Wylie, tal vez, el más semejante a los cientos de miles de internautas. Por supuesto que esta arista no se desprende directamente de la propuesta pero sí restringe libertades y decisiones a todos aquellos que quieren iniciar un camino en las redes, por ejemplo, y lo postergan porque dudan o sienten que no llegarán a consolidarse así como también los que deben renunciar por las críticas o la falta de apoyo de sponsors, compañías y prensa.

Fake famous deja en claro que la fama es un trabajo rutinario, detallista y creativo y una vez conseguida tiende a borrar las individualidades en pos del ideal creado. Como esa pared rosa ya adoptada como atracción per se y líder de comunidad. Gesto convertido en tendencia.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

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