Crítica: Emma (2017), de Juan Pablo Martínez

Emma (Argentina / España – 2017)

Guion y Dirección: Juan Pablo Martínez / Director de Fotografía: Adrián Lorenzo / Directora de Arte: Valentina Dariomerlo / Sonido: José Caldararo / Montaje: Javier Favot / Intérpretes: Germán Palacios, Sofía Rangone, Jazmín Stuart, Ezequiel Díaz / Duración: 76 minutos.

RECONFIGURAR EL RITUAL

Como si se tratara de un pacto implícito, los protagonistas de Emma crean una suerte de lenguaje basado en el silencio, la expresividad del rostro, la simbología de los objetos y la imitación no sólo para comunicarse entre sí, sino también como una manera de convivir con el aislamiento, el sofoco y cierta pulsión de muerte. La forma en la que Juan le pasa el tazón de café o corta las papas son dos ejemplos marcados de la influencia de uno sobre el otro hasta tal punto de convertir dichas acciones cotidianas en una especie de ritual íntimo.

Pero si bien ambos construyen un lazo, la película acentúa permanentemente el repliegue de los personajes sobre sí mismos, el recorte de sus historias personales y la importancia de los objetos como puentes de conexión. Anna se vincula con Juan por el pañuelo, con el esposo desaparecido por la alianza y la ropa, con la presidente de la compañía de carbón por los documentos pero, al mismo tiempo, puede interrumpirlos si se desprende de esos elementos.

Juan Pablo Martínez trabaja el tiempo desde el desarrollo de la protagonista y propone tres momentos basados en los encuentros sexuales: el primero ligado más a lo onírico y al recuerdo puesto que ella se viste con la camisa del marido y piensa que sus manos son las de él; el segundo asociado con ese transcurrir del duelo y con la posibilidad de un nuevo nexo y el último centrado en la búsqueda de la experimentación y el renacimiento, aunque con cierta culpa.

Además, el director lo aborda desde una fuerte impronta visual gracias al empleo de escenarios naturales, contraste de colores, luces y sombras y del propio vestuario. De esta forma, el filme inicia con la hostildiad climática de Río Turbio y vestimenta oscura; luego le da lugar al sol, la playa y a la ropa con tonos más vivos en Uruguay y finaliza con la calidez y la luz embriagadora de Cracovia.

Intimidad, aislamiento y un juego constante entre la simbología de los objetos y la historia no contada permiten atravesar la opresión de los personajes de Emma hasta que la intensidad de Polonia logra su cometido: la posibilidad de cambiar de lenguaje.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

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