Crítica: El precio de la verdad (2019), de Todd Haynes

El precio de la verdad / Dark waters (Estados Unidos – 2019)

Dirección: Todd Haynes / Guion: Mario Correa y Matthew Michael Carnahan, basado en el artículo El abogado que se convirtió en la peor pesadilla de DuPont de Nathaniel Rich / Producción: Pamela Koffler, Mark Ruffalo, Christine Vachon / Música: Marcelo Zarvos / Fotografía: Edward Lachman / Montaje: Affonso Gonçalves / Intérpretes: Mark Ruffalo, Anne Hathaway, Tim Robbins, Mare Winningham, Bill Pullman, Louisa Krause, Bill Camp, Abi Van Andel / Duración: 126 minutos.

Basada en un hecho real, y en el artículo “El abogado que se convirtió en la peor pesadilla de DuPont” de Nathaniel Rich, publicado en 2016 por la revista del New York Times. el docudrama de Todd Haynes, con guion de Mario Correa y Matthew Michael Carnahan, sigue el derrotero del abogado ambientalista Robert Billott que durante más de veinte años llevará adelante una batalla legal contra la gran corporación DuPont para la que ha trabajado, entre otras empresas químicas, durante años, defendiendo sus intereses, para finalmente tomar partido por los damnificados, centrándose en los reclamos de un granjero gravemente enfermo por la contaminación que la planta DuPont ha provocado en el río y en el agua potable, poniendo en riesgo así su trabajo, su reputación y hasta su propia familia.

LA PEOR PESADILLA DE DUPONT

Robert Billott (Mark Ruffallo) es un abogado ambientalista de Cincinatti, Ohio, que trabaja para el bufete de abogados Taft Law, uno de los estudios jurídicos que se dedican a defender los intereses de empresas químicas, entre ellas, DuPont, una de las corporaciones de la industria química más importantes y poderosas del mundo. En 1998 Billott decide ayudar, en contra de la voluntad y consejo de sus colegas, a un granjero pobre y enfermo, Wilbur Tennant (Bill Camp), ya que resulta ser amigo de la familia, más precisamente de su abuela.

Cuando Robert visita a Wilbur en su granja comprueba el daño que la empresa que él representa ha provocado en la ciudad, contaminando el río, los suelos y la atmósfera. Wilbur deberá sacrificar una a una sus vacas que han enfermado gravemente debido al agua envenenada por la empresa Du Pont, ya que durante los últimos años esta misma empresa ha venido arrojando desechos tóxicos no sólo en las aguas del río, sino también en la atmósfera, contaminando el aire a través de escapes tóxicos de sus chimeneas.

Frente a sus reiterados reclamos, Wilbur recibirá en su granja a representantes de la Agencia Federal de Medioambiente, que en connivencia con DuPont confeccionarán un informe adverso haciendo responsable de la muerte de las vacas al mismísimo Wilbur, por desnutrición, atención veterinaria insuficiente y falta de control de pesticidas. Wilbur le entregará a Billott, documentación y videos que muestran el estado de las vacas, a las que deberá incluso sacrificar.

Lo que hace el filme, a través de las batallas legales que lleva adelante Robert Billott, es poner al descubierto los manejos espurios y fraudulentos, incluso criminales, de las grandes corporaciones, obsesionadas únicamente con los dividendos. DuPont facturará un billón de dólares al año, solamente con los productos de Teflón que fabrica, y por eso mismo prefiere ignorar el daño que está provocando en el medioambiente y en este caso puntualmente en la salud de los habitantes del pueblo de Parkersburg, Ohio. DuPont, como tantas otras corporaciones tienen tanta incidencia y poder sobre los gobiernos que prácticamente los extorsionan y manipulan a su antojo para que se les permita hacer lo que quieran sin ningún tipo de restricciones ni regulaciones que protejan al medioambiente.

La empresa química DuPont cuenta en su haber con muchísimas víctimas fatales, sus propios trabajadores, que al haber estado en contacto con el teflón, desde los años cincuenta, han enfermado gravemente desarrollando tumores cancerosos, deformaciones faciales en los bebés de las trabajadoras, incluso aparece en el filme uno de los damnificados, Buck Bailey, cuya madre trabajaba en la planta Du Pont, y que cuando diera a luz a Buck, el bebé naciera con una fosa nasal y otras deformidades faciales.

EN BUSCA DEL ASESINO SILENCIOSO

El filme está planteado como un thriller corporativo, a medida que avanza con paso lento pero seguro, el abogado ambientalista, tratará de descifrar qué es el C8, el PFOA, es decir, el ácido perfluorooctanoico, el asesino silencioso que parece encontrarse en las aguas del río, y en los suelos y que parece provocar por lo menos seis tipos de cáncer, hipertiroidismo, diabetes, entre tantas otras enfermedades.

Frente a las reiteradas demandas judiciales de Rob la empresa DuPont accede a una investigación llevada a cabo por un plantel de médicos para comprobar si existe realmente un vínculo entre el PFOA y las enfermedades que supuestamente provoca. Los resultados de esta investigación llegarán después de siete años, en los que Rob no sólo se verá despojado de beneficios laborales, la pérdida gradual de su prestigio, el menosprecio de su jefe (Tim Robbins), la desconfianza de sus colegas y hasta el deterioro en el ámbito familiar con su mujer Sarah (Anne Hathaway) una abogada retirada que no dejará de reclamarle su falta de compromiso en lo que respecta a su vida familiar y de reprocharle una actitud fría y distante para con ella.

TIERRA BALDÍA

La cámara de Haynes registra con crudeza documental las calles desoladas de la ciudad, los barriales alrededor del río, y con tomas cenitales, la granja en ruinas de Wilbur Tennant. En una recorrida en automóvil que hará, Rob comprobará el daño irreversible que la poderosa compañía ha provocado en la ciudad y en sus habitantes. Todo luce gris, opaco y roído. Casi todos los niños lucen dientes ennegrecidos por el agua que beben y que se encuentra contaminada. A partir del escándalo de las denuncias y de los litigios, muchos de los empleados de la planta perderán sus fuentes de trabajo y lo harán responsable al mismísimo Rob por sus denuncias y reclamos contra la empresa DuPont, que en definitiva es la única proveedora de empleos en la ciudad.

UNA BATALLA GANADA

Gracias al insistente e incansable Rob, DuPont accederá a llevar adelante un estudio médico, inédito por la magnitud, de realizarle análisis de sangre nada menos que a setenta mil personas, y por cada uno que se presente, se le dará la suma de cuatro mil dólares. Recién en 2011 se comprobará el vínculo entre el PFOA y el cáncer de riñón, cáncer testicular, colitis ulcerosa, colesterol alto, y la enfermedad tiroidea entre otras. Por lo que finalmente DuPont accede a indemnizar a los damnificados, y a costear sus tratamientos médicos. Además de hacerse cargo del reemplazo de todos los sistemas de agua potable de las ciudades en las que se registraron casos de enfermedades.

Lo aterrador de la historia que nos cuenta Haynes es el hecho de que la empresa conocía el carácter altamente tóxico de los compuestos de teflón y siempre tuvo conciencia de todo el daño que estaba provocando no sólo en sus trabajadores y en la población de Parkersburg, sino de ser responsables de la destrucción sistemática del medioambiente; sin embargo este hecho nunca los hizo desistir de cambiar el sistema de producción, o tomar medidas en el modo de manejar sus desechos tóxicos. Por lo que concluimos que mientras sus ganancias vayan creciendo exponencialmente también al mismo ritmo el ecosistema irá en franca decadencia, como la salud de todos los seres vivos del planeta.

Recomendamos al que esté interesado en el tema de la contaminación ambiental ver el documental Envenenados, The devil we know (2018) de Stephanie Soechtig, y Jeremy Seifert que denuncia con testimonios de los pobladores del lugar la magnitud del daño que la empresa DuPont ha provocado en el planeta, valga como ejemplo el dato de que el 99,7 de las muestras de sangre de los norteamericanos dieron positivo en C8.

Por Gabriela Mársico
@GabrielaMarsico

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