Crítica de TV: The Walking Dead Vs. Fear the Walking Dead

TWD VS. FTWD

En los últimos dos años hemos asistido a un fenómeno poco común en el universo de las series. Por un lado, The Walking Dead, que supo ser la serie más vista en el mundo durante muchas de sus ocho temporadas, ha caído en picada tanto en creatividad como en rating (lo que no ha evitado que se la renueve para una novena entrega). Del otro lado, su spin-off, Fear the Walking Dead, ha experimentado un crecimiento creativo notable al punto de ser muchísimo más interesante en diversos aspectos que su serie matriz.

Vamos a desmenuzar el crecimiento de una y la decadencia de la otra. Como dicen los ingleses: Age before beauty. TWD comenzó su letargo creativo una vez que conocimos el rostro de Negan, el malo más malo que se han cruzado Rick y compañía hasta el momento. Su aparición era larga y ansiosamente esperada por los fanáticos del comic homónimo. No podemos decir que Jeffrey Dean Morgan (hubo rumores que lo colocaban a John Hamm en ese rol) no estuvo a la altura del villano, el mayor error estuvo dado por el guión. La acción de las últimas temporadas estuvo tan centrada en la guerra con Negan que eclipsó por completo todo conflicto que no tuviera que ver con él. Los personajes comenzaron a perder densidad, sus conflictos se hicieron vanos e individuales, nunca chocando con los de los demás. Los diálogos terminaron siendo monólogos en sucesión, sin comunicación real. Sus acciones y actitudes quedaron supeditadas a la acción. Esa acción, sin embargo, no terminó por llenar ese vacío pues la lucha se estiró en demasía quizás para mantener una tensión (=rating) con la que no supieron lidiar ni el show-runner ni los guionistas. Para colmo, la muerte sin sentido ni necesidad de Carl y el injustificado perdón de Rick para con el villano no hizo más que colocar una frutilla podrida a un postre ya rancio.

Fear the Walking Dead, en cambio, luego de una floja primera temporada (que hemos reseñado en este espacio) no hizo sino mejorar. Despojándose del dramatismo de telenovela y centrándose en la acción derivada de los conflictos interpersonales. El montaje se volvió una herramienta a favor del suspenso con usos muy ingeniosos como la trasposición de tiempos narrativos durante toda la primera mitad de la temporada cuatro. La mayor riqueza de la serie es haber podido crear personajes tan profundos como contradictorios, no sólo consigo mismos sino en su relación con los demás.

Si en TWD la acción parece pasarlos por encima dejando que apenas se acomoden, sumiendo sus problemáticas en la intrascendencia, en FTWD es el conflicto personal el que teje la trama. Nada está por encima de ellos, definen su destino paso a paso como en un libro de “Elige tu propia aventura”. Esta característica generó situaciones muy cambiantes con mucha dinámica. Si nos quejamos de la duración de los espacios que se habitan en TWD, aquí los “héroes” son eternamente nómades, están condenados al movimiento. Las situaciones no se estiran en absoluto, algo que deseamos con ansias para la serie original.

El otro punto llamativo y gratamente sorpresivo es la naturaleza de sus protagonistas. Si bien ya estamos acostumbradísimos a los antihéroes en las series de este nuevo siglo, en este spin-off Madison y su familia comienzan siendo los típicos “buenos” para luego ir convirtiéndose por momentos y ya ahora definitivamente, en los “malos”. Y esto no corre sólo para el universo que habitan, como en el caso de la saga de Batman de Christopher Nolan (“Muere siendo un héroe o vive lo suficiente para convertirte en villano”) sino para los espectadores. Por más maldades que haya cometido Walter White (y fueron muchas) nunca dejamos de estar a su lado pues del otro lado había gente peor. Aquí dudamos en varios momentos pues muchas veces tienen que confrontar a otros grupos construidos con la misma profundidad que ellos, lejos del maniqueísmo del “Gobernador” o “Negan”. Los demás también tienen sus motivos y pueden ser buenos sin por eso necesariamente convertirse en aliados, lo más cercano a la vida real.

Ahora bien, el final de esta mitad de temporada nos ha dejado un sabor agridulce pues la construcción de la trama a partir de un montaje que rompe la cronología no fue bien resuelto en el último capítulo. En esta saga y en ambas series el momento cúlmine siempre se produce cuando el refugio cae y deben buscar nuevos horizontes. Lo que pedía la trama, un final apoteósico con gran despliegue audiovisual, es resuelto mayormente con diálogos e imágenes en ralenti que privaron a este final de toda emoción y suspenso.

El deceso de personajes tan cruciales para la serie marca otra diferencia con TWD y quizás marque un nuevo modo de producción. Al no ir dejando ninguno de los personajes originales vivos probablemente los productores estén estableciendo un nuevo código que permita a la serie perpetuarse sin depender de los avatares de los actores y sus carreras. El resultado de esta jugada se develará en la segunda mitad a estrenarse en agosto. Por ahora, Fear the Walking Dead ha dejado un crédito abierto que permite ilusionarnos.

Por Martín Miguel Pereira

Podría interesarte

Escribe un comentario

No publicaremos tu mail