Crítica: De nuevo otra vez (2019), de Romina Paula

De nuevo otra vez (Argentina 2019)
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Dirección y Guion: Romina Paula / Producción: Diego Dubcovsky / Música: German Cohen / Fotografía: Eduardo Crespo / Montaje: Eliane Katz / Intérpretes: Romina Paula, Mónica Rank, Ramón Cohen, Esteban Bigliardi, Pablo Sigal, Mariana Chaud, Denise Groesman / Duración: 84 minutos.

La actriz, escritora y ahora realizadora Romina Paula nos presenta un relato de corte autoreferencial donde se instala como protagonista a la vez que directora. La trama describe un momento preciso en la vida de su protagonista que ya es madre y está bordeando los 40 años. El filme se inicia cuando vuelve por un tiempo (indefinido) a la casa materna, distanciándose de su pareja y padre de su hijo. La narrativa discurre en esa pausa reflexiva en la que urde pensamientos íntimos tras una revisión de sí misma en la que busca resignificarse.

El juego del relato se apoya en algunos pilares clave, uno de ellos es la inserción de imágenes fotográficas de corte familiar en formato de diapositiva donde la voz en off de Romina describe momentos de su pasado y repiensa cada una de esas certezas que la habían sostenido en la vida hasta el día de hoy. Por otro lado, y rompiendo el esquema de la cuarta pared, algunos de sus personajes parados frente a una proyección de fondo son la imagen que sostiene otras de sus derivas íntimas que la voz en off nuevamente pone en palabras para el espectador. El resto del filme discurre con la cotidianeidad de Romina en casa de su madre, el vínculo con ella y con su hijo, con sus viejas amigas, con un alumno casual a quien da clases de alemán y alguna que otra situación azarosa como una fiesta, una noche en la plaza o un encuentro con una joven.

De sus interrogantes cabe destacar que el más preciso y sólido es acerca de la maternidad y me voy a tomar unas líneas para describir como lo construye. Parte de la fotografía en la que ve a su madre junto a ella como sosteniéndola en el día de festejo de su cumpleaños en plena infancia, esa imagen dice Romina parece dar pista de una certeza acerca de la maternidad, de un algo que es sin preguntas que lo habiliten o lo constituyan, pero esa certeza sin aristas no parece posible, no al menos para la protagonista que se pregunta acerca de la naturaleza de ese “demasiado amor” que parece ser el lazo materno filial. Un borde que agrega como pensamiento lateral a esa observación es el de pensar esa misma imagen fotográfica como una contingencia, tan solo como ese acto que se ve y no mucho más, o sea que esa imagen deja de garantizar por fuera de sí, en el fuera de campo que todos construimos sobre una imagen y más aún una personal, de que nos narra con carácter de verdad, algo acerca de la vida.

El costado menos arriesgado es tal vez el que nos deja anclados a una única perspectiva de la vida como escena a analizar, y aunque el pensamiento es rizomático, la línea de conclusiones tiende a marcar una ruta a veces previsible. Hay algo de lo femenino que es atractivo como identidad narrativa, pero a su vez hay ciertos lugares comunes en los que las reflexiones caen, donde se pierde lo más universal de este retrato íntimo.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

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