Crítica: Casa Vampiro (2014), de Waititi y Clement

Casa vampiro / What We Do in the Shadows (Nueva Zelanda / Estados Unidos – 2014)

Guion y dirección: Taika Waititi y Jemaine Clement / Música: Plan 9 / Edición: Tom Eagles, Yana Gorskaya y Jonathan Woodford-Robinson / Diseño de producción: Ra Vincent / Fotografía: Richard Bluck y D.J. Stipsen / Intérpretes: Taika Waititi, Jemaine Clement, Jonny Brugh y Cori Gonzales-Macuer / Duración: 83 minutos.

LOS VAMPIROS DE HOY USAN INTERNET

“Queridos difuntos:

La Asociación de Vampiros de Wellington, en conjunto con el Club de Brujas y la Sociedad de Zombis, los invita a formar parte de la ‘Mascarada Diabólica’ en la noche del 6 de junio que comenzará a las 6 de la tarde.

La localización será en la Catedral de la Desesperación y el invitado de honor será…”.

En verdad, el evento de la “Mascarada Diabólica” actúa como excusa para poner en evidencia que Casa Vampiro (What we do in the shadows en su versión original) es un falso documental. En el inicio de la película se le indica al espectador que, de forma excepcional y gracias a un grupo de documentalistas oportunamente protegidos con crucifijos, será testigo no sólo de la vida cotidiana de los vampiros, sino también de la reunión de múltiples criaturas tales como zombis, brujas y banshees.

Cuatro vampiros de diferentes siglos conviven en una misma casa en Wellington y, a pesar de sus distintas personalidades, cada uno debe realizar determinadas tareas domésticas como lavar los platos, pasar la aspiradora o limpiar los muebles. De hecho, es en la cotidianidad donde se percibe el juego irónico de los directores frente a los estereotipos de los chupasangres.

En consecuencia, Viago (Waititi), de 379 años, es un dandy y de espíritu romántico que llegó a Nueva Zelanda para declararle su amor a una joven; Vladislav (Clement), de 862 años, es la encarnación de Vlad III Drăculea, mejor conocido como Vlad Tepes, tanto en su aspecto físico como en su atracción por la tortura; Deacon (Jonathan Brugh), de 183 años, es el más rebelde y desinhibido y Petyr (Ben Fransham), de 8000 años, es una versión liberada de Nosferatu.

De la misma manera funciona la mirada hacia el humano. Si bien Nick (Cori Gonzalez-Macuer) es el nexo entre ambos estados, a través de su reciente transformación, lo curioso es el trato hacia su mejor amigo Stu (Stu Rutherford). Los cuatro vampiros sienten cierta simpatía por él y no sólo deciden no sacrificarlo, sino que lo consideran  amigo. A cambio, Stu los conecta con el mundo gracias al avance tecnológico. Así pueden ver la salida del sol en películas, visitar sitios de “vírgenes”, sacarse fotos o conectarse con otras personas por internet. Jackie o Phillip, por el contrario, se limitan a ser los sirvientes a quienes se les niega la condición de vampiro.

Los directores también parodian a los hombres lobos, concebidos como perros o bien como jóvenes bien hablados y que usan ropa deportiva cuando hay luna llena para mayor comodidad durante la transformación. En una pelea violenta entre ambos grupos se puede pensar en una aproximación estética a El proyecto de Blair Witch cuando algunos de los camarógrafos corren para evitar ser apresados por los hombres lobo y las cámaras caen y se escuchan ruidos en el fuera de campo.

De esta forma, en Casa Vampiro convergen dos características que le brindan una mirada fresca al boom de los vampiros: por un lado, el aprovechamiento del falso documental y su puesta en evidencia en múltiples personajes y escenas; por otro, la selección de ciertos elementos del género que corrompen o desarticulan. Entonces, la película se vuelve sobre su propio gesto de la misma manera que Viago, Vlad y Deacon desfilan para ver qué vestimenta atraerá a sus víctimas esa noche o que Nick que, en su ingenuidad de reciente vampiro conquistador de la noche, se atribuye el protagonismo de Crepúsculo (2008) como la versión renovada de Robert Pattinson.

Por Brenda Caletti
redaccion@cineramaplus.com.ar

 

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