Crítica: Algo celosa (2017), de David y Stéphane Foenkinos

Algo celosa / Jalouse (Francia – 2017)

Dirección y Guion: David Foenkinos, Stéphane Foenkinos / Producción: Eric Altmayer, Nicolas Altmayer / Música Original:
Paul-Marie Barbier, Julien Grunberg / Fotografía: Guillaume Deffontaines / Montaje: Virginie Bruant / Diseño de Producción:
Marie Cheminal / Dirección de Arte: Valérie Rozanes / Intérpretes: Karin Viard, Dara Tombroff, Anne Dorval,
Thibault de Montalembert, Marie-Julie Baup, Bruno Todeschini, Anaïs Demoustier / Duración: 107 minutos.

No podemos dejar de considerar que David Foenkinos es un escritor de pluma consagrada en la literatura francesa contemporánea. No voy a mentir pues no había leído nada de su autoría, y este filme me llevó de las narices a esos mundos de personajes, conflictos y enredos vinculares que con un trazo de humor elegante definen esos mundos que narra de maravilla.

El guion de Algo celosa es la clave de casi todos los hallazgos de esta comedia madura, una creación original sin novelas previas de los hermanos Foenkinos, pero aclaremos que Stephane está más imbuido en el mundo del cine como director de casting en decenas de filmes, guionista de otras producciones y hasta realizador de La delicadeza película en la que realiza una transposición de la novela de su hermano David.

Si la historia toma como excusa la vida de una mujer llamada Nathalie en ese plot de los 50 años de vida, donde tiene una profesión ya estable, una hija en plena emancipación y hasta la chance de encontrar un nuevo amor , pero… todo eso no alcanza para acallar al monstruo que crece en su inconsciente, ese fantasma que a la mitad de la vida vuelve con toda la furia a tomar posesión de todo lo que ha construido pero con lo que ya no sabe qué hacer.

Está perdida en la bruma y la realidad se le esfuma en semejante confusión, solo puede ver la vida como si fuera un Quijote enloquecido con los molinos de viento girando en su contra, y como la metáfora nos refiere, creemos que allí están los gigantes que ganarán la batalla final, aunque solo sean unos pobres molinos de madera en el medio de la nada misma.

La curva de Nathalie continúa en su escalada de sinsentidos y decisiones con consecuencias problemáticas, todas funcionales a la lógica de su propia neurosis, esto se hace patente en una escena del inicio del filme donde monta un escándalo nacional ya que se cree convencida de que el hombre que ha venido a conocerla y cenar a su casa ha posado los ojos en su joven hija. Entonces segura de ese espejismo siente que el deseo queda fuera de sí y la vergüenza y la furia la envuelven en una nube de certezas falsas. Todo culmina en transformar a su hija y a este candidato en dos enemigos indiscutibles.

Ese es el primer paso a la creciente sensación sin límites de que el mundo ya no la elige, de que todo lo que otros viven atenta contra su integridad y aún cuando cae en la cuenta de que no todo es tan así como ella cree, no encuentra una respuesta a esa afirmación que la aterroriza y la enloquece a la vez. La menopausia no es suficiente explicación, la juventud que se ha ido ya no alcanza como excusa para la insatisfacción, algo innombrable y abominable la ha enceguecido. Algo tan humano y tan miserable que no hay forma de no nos veamos reflejados en su patético espejo deformado.

Luego de un derrotero tremendo de desaciertos y desbordes, otro incidente perturbador con su hija pone final a esta carrera imaginaria, nuevamente la figura de la hija y ese vínculo abren y cierran la curva del fantasma sin límites. Chau monólogo interior desenfrenado, chau soliloquio fantasmático, es ella con su hija de carne y hueso lo que cancelan su traumática lucha Quijotesca. Finalmente, y el espectador agradecido, llega la hora de ordenar el mundo que se ha roto para volver a empezar una vida mucho más real.

Karin Viard en el rol de Nathalie es junto con el solvente guion la otra cara de la misma moneda de aciertos. Con la vitalidad que Viard irradia se pone el filme al hombro y se apropia del personaje. Sin ella y su capacidad histriónica entre aterradora y encantadora no habría manera de que este viaje cinematográfico se cristalizara de una forma tangible, emocional y creíble.

Un texto maduro e inteligente para reírnos de la desgracia. Tal vez encontramos algunos desaciertos al final que no son de lo más loables, con frases explicativas por demás o monólogos del tipo salvavidas, pero más allá de esos matices menos brillantes el relato hace honor y con humor a esa relación tan compleja que tenemos los seres humanos con nuestro fantasmático mundo interior.

Sin dramones de pañuelos, los Foenkinos nos recuerdan que la vida nos sigue esperando allá… tan solo detrás de la puerta.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

80%
  • Nuestro Puntaje
Podría interesarte

Escribe un comentario

No publicaremos tu mail