Crítica: Al morir la matinée (2020), de Maximiliano Contenti – MDPFF35

Al morir la matinée (Uruguay / Argentina – 2020)
35 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Competencia Latinoamericana

Dirección: Maximiliano Contenti / Guion: Manuel Facal / Producción: Maximiliano Contenti, Lucía Gaviglio, Alina Kaplan, Daniel Pensa, Miguel Rocca / Fotografía: Benjamín Silva / Montaje: Santiago Bednarik / Sonido: Maximiliano Gorriti / Música original: Hernán González / Intérpretes: Luciana Grasso, Ricardo Islas, Emanuel Sobré, Patricia Porzio, Bruno Salvati, Julieta Spinelli, Vladimir Knazevs, Hugo Blandamuro / Duración: 88 minutos.

Si algo ha caracterizado al cine del siglo XXI, fuera de los países históricamente potencia, es la producción de filmes “de género”. Junto con la producción de comedias apuntadas al gran público y el cine “de autor” que nunca han dejado de hacer, cada año asistimos a nuevas propuestas en espacios que antes parecían vedados. El terror es uno de ellos. Podríamos decir que salvo los Estados Unidos (obviamente), Alemania, los países nórdicos, Inglaterra e Italia (en un período muy específico), pocos han sido los aportes provenientes de otras geografías. Hoy, sin embargo, parece primar, muy sanamente, un grito implícito que versa “nosotros también podemos”. Este parecería ser el caso de Al morir la matinée.

La película se propone como un homenaje/diálogo con el giallo, subgénero italiano nacido en los años 60 que mezclaba elementos de misterio y policiales con terror en modo slasher o incluso gore. El giallo ha dado numerosos exponentes (entre los que destacan Mario Bava, Dario Argento, Lucio Fulci y Umberto Lenzi por nombrar unos pocos), cada uno con un estilo singular. Maximiliano Contenti eligió tomar principalmente los elementos estéticos del Argento más ochentoso (la fotografía por ejemplo), junto con el gore de Bava. Quizás, las características que más rápidamente nos remontan al género sin necesidad de ser un especialista.

Al comienzo, el filme abusa un poco de cierta estética publicitaria con excesivos ralenti. Pero poco a poco lo excesivo (no en términos estéticos sino cuantitativos ya que el giallo en sí es un poco la estética de lo excesivo) va tamizándose dejando lo esencial. La trama es más que simple, un asesino serial se propone matar a todos los espectadores en un cine. Como en cualquier slasher vamos conociendo a cada víctima o pareja de víctimas mientras van siendo asesinadas una a una, hasta el final, en un juego donde tenemos que adivinar quién/quiénes quedará/n vivo/s.

Claramente lo interesante de la película no es lo argumental y, me atrevería a decir, ni siquiera lo estético sino cómo juegan estos elementos con el ambiente en donde ocurre la peripecia. El relato ocurre en Montevideo en 1993. El primer contraste que nos llama la atención es ver una ciudad que solemos percibir y pensar en blanco y negro o despojada de colores en un festival de rojos, azules y verdes chillones, de neón. Luego, el director nos está contando una historia de algo que ya no existe, pareciera: el cine de género, los cines fuera de las multipantallas, e, incluso, esas funciones nocturnas con apenas un puñado de espectadores. A su vez, relata algo que también había ido desapareciendo en ese momento: el cine de terror, a cuyo auge en los años 80 le sucedió una etapa de decadencia a principios de los 90 y una revitalización a partir de Scream (Wes Craven, 1996). Todo ese combo hace parecer a Montevideo más a Anarene, Texas, donde ocurre The Last Picture Show (Peter Bogdanovich, 1971) que a la capital de un país. Los años 90 dieron muerte no sólo a ese tipo de salas de cines, sino también a cierto tipo de películas y de experiencias de visionado.

Al morir la matinée mantiene un equilibrio preciso entre el uso de los elementos genéricos y también su resignificación y actualización. Muchas veces hemos asistido a películas contemporáneas cuyo único objetivo es parecer una película de otrora (especialmente algunas de los 70 y 80). Tal objetivo no tiene ningún sentido salvo el del ejercicio bien ejecutado. Cuando se piensa en revisitar un género, el interés está puesto en su actualización, su diálogo y resignificación. Aquellas películas ya se hicieron en su momento, no tiene ningún sentido sumar aportes que no son tales. Maximiliano Contenti puede decir orgullosamente “nosotros también podemos”, habiendo realizado un filme plagado de uruguayismo (discúlpenme el neologismo), pero que también dialoga con el gran cine haciéndonos pasar un buen momento trayéndonos a la mente, además, algunas ideas para pensar nuestro propio pasado y nuestro presente.

Por Martín Miguel Pereira

80%
  • Nuestro Puntaje
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Un comentario
  1. Mario Handler Dice

    ¡Otra vez con el concepto de FILM DE GÉNERO! Carece de sentido, el idioma no da para tanto, es una manía rioplatense usarlo en el sentido más simple de FILM DE TERROR. Del inglés GENRE FILM, que es otra cosa; ni de FILM GENRE, que es otra más. FILM NOIR podría ser, pero en la Historia incluía otras muchas cosas. Leer, por favor…

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