Crítica: A oscuras (2018), de Victoria Chaya Miranda

A oscuras (Argentina – 2018)

Dirección y Producción: Victoria Chaya Miranda / Guion: Carla Scatarelli / Música original: Lula Bertoldi / Fotografía: Pablo Parra / Montaje: Liliana Nadal / Intérpretes: Esther Goris, Guadalupe Docampo, Francisco Bass, Arturo Bonin, Alberto Ajaka, Germán de Silva, Germán de Silva / Duración: 83 minutos.

Este es el segundo filme de Victoria Miranda, un relato coral focalizado en personajes nocturnos marcados por la decadencia, la vida marginal, las adicciones y la pulsión de muerte.

La coreografía de la trama está trazada entre tres figuras centrales: Lola (Ester Goris) una actriz que vivió el fulgor del éxito y ahora solo la rodea la soledad la depresión, la adicción a los fármacos, el alcohol y alguna función donde pocos espectadores la observan. Parece evocar una ausencia, alguien que suponemos su hijo pero no sabremos bien quién es hasta el acto final de la historia.

En paralelo Ana (Guadalupe Docampo) una joven que baila y se prostituye en un local de tragos en la noche, sueña con su futuro de bailarina artística mientras su realidad está construida entre el consumo de cocaína, la relación con su jefe, un tipo de negocios marginales y oscuros que la tiene bajo su ala de poder.

Lucio (Alberto Bass) dueño de un bar cool en Palermo, enredado en negocios de drogas y mujeres vive aislado en su mundo alienante rodeado por los lujos que le da la vida de mini narco, mientras sepulta su tiempo consumiendo la blanca nieve que todo lo puede.

Estos personajes en situaciones angustiantes, alienantes y opresivas naufragan en sus fantasmas y se chocan con sus vidas sin salida. No hay vínculos que abran al mundo una oportunidad, y cuando aparece una señal de liberación tampoco se presenta demasiado creíble.

Historias de soledad y locura, el filme intenta transmitir un estado de perturbación permanente en la que sus personajes viven. Las actuaciones desparejas no alcanzan a darle la encarnadura a estos seres que el guion ha creado con grandes imprecisiones y muchos lugares comunes.

Por otra parte con la cámara y la iluminación trata de crear climas de encierro y oscuridad, algo que logra en parte con prolijidad, aunque no emocione su mirada sobre este mundo desolado.

El montaje no atenta contra la trama, por el contrario se presenta ordenador y cuidado acompañando la propuesta aún en sus fallas narrativas.

Los más endeble es que lugares límites que propone en muchos casos no resultan lo suficientemente creíbles, ni estos mundos se ven tan complejos como para pretender funcionar como un espejo de la vida más oscura que intuimos o conocemos.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

50%
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