Crítica: 1982 (2020), de Lucas Gallo – MDPFF35

1982 (Argentina – 2019)
35 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Competencia Argentina

Dirección y Guion: Lucas Gallo / Producción: Santiago Guidi / Montaje: Javier Falchi / Diseño de sonido: Juan Martín Jimena, Guillermo Lombardi, Gabriel Barredo / Duración: 92 Minutos.

2 de abril de 1982. La Plaza de Mayo colmada. Tras haber anunciado el desembarco militar en Islas Malvinas, el general Leopoldo Galtieri es recibido por una multitud que vitorea a viva voz al grito de “Argentina, Argentina”. A la distancia, la postal resulta casi surrealista, pero al igual que el resto de los fragmentos que integran el documental, esto también sucedió. 1982 es una crónica sobre el conflicto bélico compuesto pura y exclusivamente a través de material de archivo televiso, aunque más que eso, es una demostración cabal del funcionamiento del blindaje mediático y la perversa maniobra del discurso oficial por mantener encendida la llama nacionalista cueste lo que cueste. Una llama a la que un sector importante de la sociedad se encargó de avivar. La exacerbación del espíritu patriótico -esa idea de que los argentinos eran buenos y unidos (basta sino ver los reportajes a algunos voluntarios quienes dejan mensajes de apoyo para los soldados adentro de las raciones de comida o cómo desde el noticiero “60 Minutos” se estimula a que la gente contribuya económicamente con la causa) – no fue más que una construcción estratégica para recibir el aval general y al mismo tiempo, tapar los horrores que estaban sucediendo en el propio suelo. Más que la previa de una guerra, todo se vivía como en las afueras de una cancha de fútbol y mucho tenía que ver justamente la televisión: una caja que generaba serotonina 24/7 y que solo estaba dispuesta a entregar buenas noticias.

Hay una cuestión valorable en el realizador Lucas Gallo y es la decisión de presentar el material prácticamente en bruto, tal como salió al aire en aquel momento. No hay intervención, ni una búsqueda de ironía. Es como si las imágenes pudiesen hablar por sí solas. Y sí que lo hacen.  Cuando oímos a uno de los militares decir que “no van a pasar frío y van a volver mejor alimentados que en sus casas” el efecto, visto 38 años después de lo ocurrido y sabiendo todo lo que sufrieron los ex combatientes (ni hablar de las torturas y los desaparecidos escondidos bajo la alfombra catódica) es en verdad escalofriante. Lo mismo cuando las cámaras, ya en Puerto Argentino, registran a los soldados armando sus carpas en la más plena intemperie y soportando los embates del viento patagónico. El material viene cargado de la mirada del presente y esa construcción heroica y triunfalista no deja más que un sabor desagradable en la boca. Más aún, cuando vemos como ciertas celebridades fueron utilizadas al servicio de los propósitos siniestros de la televisión oficial: Porcel como el comediante que también es vulnerable y subasta un cuadro que pintó cuando estuvo mal o el mismo Diego Maradona, el cual se presencia en la tv o en el poster pegado en la pared de los cuarteles funciona como el alambre dorado que mantiene juntas y atadas las seis letras de la palabra patria.

Si el nacionalismo instrumentado por las fuerzas naturales partía de una fantasía, la representación de las Islas Malvinas no era otra que la de una tierra lejana, una zona idealizada, mítica, que era menester recuperar. Gallo refuerza esta idea a través del uso de fundidos encadenados entre cada video. Así, el efecto es el de estar sumergido en un estado de irrealidad, un estado de flotación donde todos los días es el mejor día y donde lo único que tienen para dar los conductores son buenas noticias. Incluso, ante aquellas noticias que no favorecen a las tropas argentinas, los periodistas encuentran siempre la manera de rectificarlas a su conveniencia como se puede ver con la filmación de un ataque inglés. Entre los destrozos y el humo de la escena, un zoom in a la bandera basta para hacer de cuenta que mientras siga intacta y flameando, aquí no ha pasado nada. Pero tarde o temprano, la farsa iba a saltar a la luz. La rendición fue un golpe en el orgullo nacional y trajo como obvias consecuencias, la ira en las calles. Continuando con el blindaje mediático, los medios oficiales no mostraron nada del enojo y los piedrazos a Casa Rosada. Pero esas imágenes sí existen y 1982 las recupera, esta vez, completando el triste epílogo ayudado por imágenes de la televisión británica.

Por Felix De Cunto
@felix_decunto

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