BAFICI: Kumiko, the Treasure Hunter (2014), de David Zellner

Kumiko, the Treasure Hunter (Estados Unidos – 2014)

Dirección: David Zellner / Guion: David Zellner, Nathan Zellner / Fotografía: Sean Porter / Montaje: Melba Jodorowsky / Diseño de Arte: Kikuo Ota, Chad Keith / Sonido: René Jones-Jones / Música: The Octopus Project / Producción: Nathan Zellner, Cameron Lamb, Chris Ohlson, Andrew Banks, Jim Burke / Producción Ejecutiva: Alexander Payne, Jim Taylor, Rinko Kikuchi / Intérpretes: Rinko Kikuchi, Nathan Zellner, David Zellner

Y ahora me pregunto a punto de desintegrar,
si no estaré ya en otra parte;
si vivo en un mundo dentro de una realidad
que no me corresponde.”
(“Poema Sobrecogido” de Extremoduro)

Kumiko es una joven demasiado seria. La tersura de su pálido rostro se refleja en la pantalla de la tv mientras mira obnubilada, una y otra vez, la escena de Fargo en donde Steve Buscemi entierra bajo la nieve un maletín repleto de dinero. El filme de los hermanos Coen está basado en un hecho real, entonces el dinero existe piensa Kumiko mientras comparte los fideos con su conejo Bunzo, su única compañía.

¿Como evadirse de la insoportable rutina laboral y de un jefe misógino y abusivo? Escupir el té no alcanza… ¿Y de tanta soledad? La oportunidad dorada se presenta cuando Kumiko obtiene la tarjeta de crédito corporativa de la empresa en la cual trabaja.

La joven toma un vuelo desde Tokio a Minneapolis para encontrar el preciado millón de dólares. Este es uno de los puntos en común que Kumiko, the treasure hunter tiene con la Nebraska de Alexander Payne. Mirando los créditos nos damos cuenta que Payne es productor ejecutivo de Kumiko. En ambos filmes, más allá que el contexto y la estética sean distintos, los protagonistas son dos seres errantes y solitarios que quieren que en sus vidas suceda algo extraordinario.

A Kumiko se le cuela el frío helado a través de su ropa fina, pero su búsqueda está por encima de estas “trivialidades”. La tristeza permanente y profunda se evidencia en su semblante, al igual que el dolor de existir. Su impulso vital está concentrado en hacer realidad este suceso asombroso… pero todo se disipa en la búsqueda.

El filme está basado en una leyenda urbana con tintes románticos, donde la muerte está omnipresente y la soledad es paisaje adecuado. Y, aparte de que los aspectos técnicos y formales (desde la pictórica fotografía hasta la admirable banda sonora) están holgadamente logrados, en esa delgada línea donde la ficción se encuentra con la realidad, los Zellner resuelven la historia de un modo fantástico y poético, le dan la posibilidad a Kumiko de ser feliz, de volver a sonreír… de cumplir su anhelado sueño junto a su amado Bunzo.

Por María Paula Rios
redaccion@cineramaplus.com.ar

 

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