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Ana Piterbarg: Tal vez “Alptraum” sea una especie de homenaje al cine que vimos

RESTOS ¿MITOLÓGICOS?

Alejada de la narración clásica y lineal, la directora Ana Piterbarg propone jugar con los esquemas temporales y perceptivos a través de dos pilares fundamentales como un inconsciente perdido y el discurso roto; ambos aspectos encarnados en un hombre que transita un constante estado de pesadilla. Alptraum (su denominación alemana y el título de la película), no sólo deviene en el estadío por excelencia del protagonista, sino en la condición que habilita el lazo entre lo primigenio, el mito, lo inconsciente, la palabra y los objetos. Porque, a final de cuentas, el monstruo forma parte de la identidad humana cotidiana, pero se vuelve tan arraigado que sólo algunos parecen percibirlo y otros pocos consiguen domesticarlo.

¿Cómo surgió Alptraum?
-Comencé a trabajar con el guion hace más o menos siete años. La filmé antes de Todos tenemos un plan (2012), pero el proyecto quedó esperando y lo retomé en distintas etapas. La historia apareció con la imagen de un hombre perseguido en sueños por un monstruo, cómo eso invade su vida y cómo todo lo que está en un plano supuestamente inconsciente o imaginario da ciertas señales que el protagonista entiende como pistas para descubrir una verdad.
La leyenda surgió después de varios armados y de la devolución que me hizo un amigo, en la que me sugirió introducir al espectador un poco más en tema porque era comprensible pero quedaban demasiadas dudas. En algunas de las lecturas sobre la película señalan los huecos que hay dentro de la trama o el hecho de que el relato policial no cierre y, en realidad, la idea es esa; que sea tan posible lo que sucede como que no.

Una de las primeras escenas que producen ese efecto es la fiesta: se ve a Andreas despertar sobresaltado a las 4.50, luego imágenes de la fiesta junto a la novia y regresa la mirada al despertador que marca 4.51. Se presenta la ambigüedad de si estuvo en la fiesta o si la soñó.
-Pueden haber pasado ambas cosas: que la fiesta haya sucedido pero no necesariamente esa noche o que en ese minuto él haya soñado todo. El planteo está en cómo la temporalidad empieza a desdibujarse. Según lo que leí, los sueños se componen de restos diurnos. En algunos aparecen y en otros no sabés de dónde salió, como por ejemplo el monstruo. Andreas no lo vio en la calle, ni le pasó algo con una criatura, sin embargo, está la apuesta de un inconsciente ligado al hecho de haber nacido en Alemania y que funciona de forma mágica.

¿Por qué lo realizaste en blanco y negro?
-Tiene que ver con la idea de lo no realista. El blanco y negro se cuestionan porque estamos acostumbrados a que las películas sean en color. La idea estuvo desde el principio y considero que ayuda a ubicar la historia en un plano diferente al realista pero, más allá de la justificación, fue porque apareció así. Tal vez, inconscientemente sea una especie de homenaje al cine que vimos, a películas que uno recuerda para siempre y hay algo de la melancolía de ese cine que aparece.

Es curioso que tanto el nombre del filme como el relato oral estén en alemán. ¿Actúa como lazo entre ellos?
-La leyenda funciona como epígrafe ya que presenta el elemento alemán, que se instala a través de la voz de ella como una presencia no desde la imagen, sino desde lo sonoro. La presencia es lo que a él, de alguna manera, le hace pensar que esa coincidencia entre ambos deviene en una causalidad y le indica que hay una pista que debe seguir. Andreas se maneja con la intuición y le da un valor excesivo a las señales. Él une esos elementos con una lógica que si se toma al pie de la letra puede equivocarse, pero Alptraum cuenta la historia desde la lógica que plantea su cabeza y que arranca como desordenado, con el discurso roto.

Además del trabajo sobre el lenguaje, hay una fuerte impronta de los objetos. ¿Cómo opera la revista?
-La idea era que funcionara como una pista y toda la deducción es un poco infantil. No solamente esa, por ejemplo, lo que le pasa dentro del grupo de teatro, cuando el otro actor lo cachetea y le dice que tiene que provocar a la compañera y Andreas le responde que él lo está provocando, o los disparadores que se ponen en juego tras la escena del dibujo como el cadáver exquisito o la asociación libre, elementos que pertenecen a lo lúdico.

La otra presencia fuerte es el mural con los dibujos híbridos. Está ahí pero nadie lo ve, forma parte de la identidad humana.
-Lo descubrí cuando estaba escribiendo la historia y me dije acá tenemos que venir a filmar, ojalá que no lo tapen antes de que lleguemos (lo realizó el grupo muralista al lado del Gaumont). Me alucinaba porque justo había descubierto la historia de los híbridos y cómo persistía en distintas culturas, cuando trabajaba con documentales sobre arte latinoamericano; sobre todo, en los pueblos originarios de La Rioja, de donde salieron las obras llamadas Los suplicantes o en México. Ahí surgió la idea de escribir sobre esta persona-monstruo y veo este mural que estaba lleno de cuerpos y por esa época vi la película Imperio (David Lynch 2006), en la que hay un triángulo de seres humanos con cabezas de conejo. Me llamó mucho la atención que estuviera ahí el mural y con ese monstruo tan parecido a la cabeza que habíamos hecho nosotros para la película. Con lo del Krampus pasó algo similar, la historia ya se ubicaba en Alemania y encontré que en una zona circulaba este mito muy semejante a la del minotauro. Cuando apareció la idea de la cabeza fue muy arriesgada, pero se ve que el entusiasmo fue más fuerte.

Me llamó la atención la primera imagen del hada y el Krampus porque ella parece una nena por el pelo corto, la altura; cuando se los ve de frente se confirma que es una mujer.
-Me parecía buenísimo que la imagen estuviera de espaldas y no se le vieran las caras, pero en ese momento no había pensado en cómo se iba a develar que fuera ella, porque consideraba que uno la podía reconocer. Él no sabe por qué la sigue, cree que está en peligro pero en realidad lo hace porque es la única que lo puede salvar.

De hecho, uno de los momentos en que Andreas la espía por la ventana, ella aparece danzando. ¿Tiene que ver con lo tribal, el origen, la domesticación?
-Los tres replican los movimientos: Hannah hace taichí, el nene practica Kung Fu y él se venda los ojos y realiza algunos movimientos. Esa escena la llamaba Apocalipsis Now porque la pensaba en relación al momento previo que está encerrado en una habitación de hotel esperando que lo manden en busca del coronel Kurtz, se vuelve loco y hace taichí. Es una referencia porque Andreas lo toma como si fuera una misión, siente que hay algo que le está llegando de algún lado, que le están mandando un mensaje.

¿Cuál es el rol del nene, sobre todo, al final?
-Para reconstruir la línea, la primera vez que aparece se supone que tiene una relación afectiva con Hannah y con el hombre que está durmiendo ahí. Lo vemos que espera en la casa de Hannah pero no dice que es la mamá; después, Andreas tiene un sueño y cuando se despierta dibuja al monstruo. En ese sueño se ve que el nene está mirando el libro, que es el mismo donde ella guarda el dibujo en el bar y también es el mismo libro que él va a utilizar para sacar las palabras. Entonces, ahí ya sabemos que el nene no es de ella y lo termina de aclarar de alguna manera cuando le dice: –me voy con mi mamá y él le dice: -¿con tu mamá? pero ¿quién es tu mamá? Por último, el nene aparece en ese lugar contando los chistes. Para mí funciona de dos maneras: Andreas tenía como una especie de trabajo en ese lugar que aparece tomando whisky, aunque no sabemos bien qué hace. El nene va a ocupar su lugar, ahora que él ya no está. La otra cuestión tiene que ver con que para sus ojos el nene es algo de él, no es cuando era chico pero lo remite a eso y de alguna manera están conectados porque los dos comparten lo alemán, a Hannah, el libro, saben de una trama oscura donde Hannah está en el medio.

Haces bastantes referencias a lo que es el inconsciente: visiones, pesadillas, psicólogo, grupo teatral.
-Su inconsciente está perdido y se manifiesta en la escena que le piden cambiar de rol, cuando le dicen como que no hay una guía o una dirección.  Esto pasa de alguna manera también en el proceso creativo, y uno muchas  veces se encuentra en ese lugar: apareció tal elemento, tal personaje, tal tema pero ¿cómo lo cierro? Y ese voluntarismo que necesitamos cerrarlo porque estamos acostumbrados a que la narración funcione de forma clásica, de lo contrario, no funciona. Es un interrogante que está bueno plantear.

También sucede con las categorías de género y la necesidad de clasificación.
-Estamos muy mal acostumbrados y me parece que se disfruta mucho cuando te podes correr como espectador, cuando algo te impacta y te obliga a olvidar ese modelo. Disfruto sabiendo qué va a venir, pero son dos disfrutes muy distintos y creo que el ejercicio es válido, más allá del resultado.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

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